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Juan Pérez Medina*

LA EDUCACION

En México, se inaugura el neoliberalismo en el gobierno priísta de Miguel de la Madrid y se desarrolla con Salinas de Gortari quien profundiza la sujeción económica y política del país, con la desregulación arancelaria en las aduanas, la privatización de los bienes nacionales, las reformas en el articulo Tercero, 24 y 27 constitucional, aparte de otras enmiendas menores y la imposición de la contención salarial y la flexibilidad laboral. Medidas que vienen teniendo continuidad en los gobiernos actuales.

Junto con estas políticas, se ha desarrollado una ofensiva ideológica sin precedentes para imponer una visión del mundo única y unipolar, y una serie de valores que arraiguen entre las personas lo privado por encima de lo común. Tratando de desaparecer la lucha de clases y sustituyendo ésta, por una concepción de colaboración entre ellas, para justificar las actuales formas de dominio, acumulación y explotación social.

Este ha sido sin duda el daño mayor a los anhelos de bienestar que la humanidad se ha planteado. Ya que ha logrado en gran medida incorporar entre nosotros concepciones que justifican nuestra situación y la de los poderosos. Se esfuerzan por mantener la ignorancia, el conformismo, la indiferencia y el egoísmo entre el pueblo. Aspectos que impiden la unidad para enfrentar con éxito los desafíos del presente.

Hoy estamos aquí, en este Primer Diálogo Nacional, como se plantea, en los primeros trazos para conformar un proyecto de nación. Muchas serán las atinadas propuestas que se aprueben, muchas se podrán ejecutar de inmediato, otras se irán fortaleciendo en nuevos encuentros.

Nuestra ponencia pretende hacer un llamado en un tema que esta comprendido en esta Mesa, la educación. Como sabemos la educación es un pilar para el desarrollo de un país, para la comunidad, para la familia y en lo personal. De ahí la importancia de la educación.

Dicho sea, que aquellas contradicciones que mencionaba continúan hoy y se recrean cotidianamente entre quienes lo tienen todo y quienes con nada cuentan. También es cierto que esas contradicciones han venido determinando la lucha social por el rumbo que ha de tomar el país y, por tanto, esto influye en los fines educativos y determina los objetivos que la educación debe alcanzar. Entonces, la educación que queremos y por la que luchamos o debemos luchar es aquella que está estrechamente ligada con los intereses históricos de nuestro pueblo; por lo que nuestros propósitos están inversamente proporcionales a los que la educación neoliberal nos viene imponiendo.

El desarrollo de la educación en México responde a una situación histórica concreta. Su esencia radica en esas condiciones generadas por las contradicciones propias de una sociedad dividida en clases y su relación con el resto del mundo. Las ecuaciones que se han planteado en su devenir se han resuelto a partir de quiebres y rupturas sociales que han marcado etapas importantes en la creación del actual sistema educativo nacional. Cierto es, que existe una vasta evidencia de la lucha por la cultura y la educación y de la necesidad de que ésta se establezca en el seno del pueblo para su emancipación. Ya en la lucha por la independencia, José María Morelos, el Insurgente Siervo de la Nación, invocaba en sus propósitos la necesidad de brindar instrucción pública a todos los mexicanos, lo que se reiteró en la lucha por la república de parte de los liberales en el siglo XIX, sobre todo de la mano del gran periodista Ignacio Ramírez “el Nigromante”. Existe toda una literatura histórica en torno a los ideales y la lucha ejemplar de los mexicanos por hacer de nuestro país un país culto e ilustrado que lo conduzca a la libertad y la prosperidad. Nuestra historia está llena de referencias en este sentido y deben ser las piedras angulares para orientar nuestros pasos.

En las mejores tradiciones populares, la educación contiene un alto sentido de humanización. Su poder transformador puede potenciar procesos sociales con equidad y justicia y de respeto por la vida universal. Esa es la educación a la que nos atenemos, como una apuesta para fortalecer las posibilidades del cambio.

Hoy la escuela reclama la coordinación de procesos para la resolución de problemas. Reclama una visión del mundo mucho más formativa, informativa y trascendente. La interacción humana entre personas y grupos determina la necesidad de poseer mayor cúmulo de información y esta a su vez reclama una serie de análisis e interpretaciones para poder llevarnos a generalizaciones científicas o a criterios de verdad. La escuela hoy debe ser un espacio para aprender a indagar la verdad, a observar los fenómenos físicos y sociales, a organizar los hechos y a establecer juicios de valor. Estos procedimientos deben estar en todo momento ligados a los propósitos más sublimes de la humanidad y deben alejarse de cualquier tentación que los pervierta y los contraponga. La escuela debe estar ligada a la vida y ésta a las normas de convivencia más horizontales. La escuela debe estar ligada al trabajo, como la actividad intrínseca del hombre, como una actividad que lo humaniza y lo impulsa a la elevación espiritual y humana.

De ahí que debemos poner especial atención en la educación de los menores, de los jóvenes, de nuestros hijos. Su formación debe responder a la concepción de educación para el pueblo y desde el pueblo; es decir: desde la creación cultural en base a los intereses del pueblo. Su característica fundamental debe ser la verdad y su método científico debe abrazar el materialismo dialéctico. Su esencia debe estar determinada por los valores y principios de una sociedad humanística.

Recuperar los fines populares de la educación y reconstruir el tejido social que ponga freno a los intereses individuales, deben ser los objetivos fundamentales de una educación en la cual sean responsables no solamente la escuela, el maestro y los directivos, sino también los padres y, sobre todo, la comunidad. Una educación popular conducida y organizada desde abajo, con el pueblo; terminando con las concepciones que manifiestan que las escuelas públicas son del gobierno, y en donde es la comunidad quien asume su dirección con todo su poder, conformando poderes comunitarios múltiples coordinados de manera solidaria mediante la conformación de redes comunitarias de educación popular.

A todos los mexicanos nos interesa la formación de niños y jóvenes, de ello dependerá, por ejemplo: qué líneas acordadas en este evento, así como acciones, sean posibles de realizarse, necesitamos mexicanos educados, comprometidos, que entiendan su compromiso con la familia, con el pueblo, con su país.

Con ello estaremos contribuyendo al logro de los postulados del histórico Artículo Tercero Constitucional en cuanto a los fines de la educación, así como a la defensa de la Nación y la construcción de una sociedad justa y verdaderamente democrática.

México, D.F. 27 de noviembre de 2004.

* Diputado federal