
Frente Popular Francisco Villa
Promotora por la Unidad Nacional Contra el NeoliberalismoSOBERANÍA Y GLOBALIZACIÓN
La globalización, surge en Europa entre los siglos XV y XVI como una dimensión del capitalismo, y con el desarrollo de algunas ciudades europeas se da un empuje a la globalización capitalista; este mismo desarrollo permitió que estos estados o ciudades incorporaran, a nuevos territorios por vía del sojuzgamiento colonial y la mutación cultural.
En el escenario actual, La globalización ha impuesto su hegemonía, promoviendo su proyecto de liberalización de mercado y de las inversiones, de desregulaciones y privatizaciones bajo el ideario neoliberal injusto y destructor, provocando una crisis de viabilidad en el planeta y dejando los efectos de una ‘recolonización’ en América Latina.
El 27 de junio de 1990 el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, George Bush proclama la iniciativa para las Américas que se fundamenta en las viejas tareas del panamericanismo y la doctrina Monroe y propicia una integración a la medida de las necesidades de los Estados Unidos de Norteamérica, es decir para resolver sus problemas y no los problemas de los pueblos y países de América Latina. Se ha considerado que la iniciativa surge de la necesidad de EE.UU. de comerciar con América Latina para librarse del déficit comercial y los problemas de la cuantiosa deuda externa. La propuesta no pone el acento en las inversiones, ni en la reducción significativa de la deuda externa de los países latinoamericanos, sino en la activación del comercio con la creación de mercados subregionales para tener interlocutores de dimensión apropiada.
Por eso, en la I Cumbre de las Américas, Estados Unidos propone constituir el ALCA que contempla la liberación progresiva de aranceles a partir del 2005, y cuyo objetivo es eliminar todas las barreras aduaneras y/o proteccionistas para conseguir un flujo comercial de sus productos sin restricciones en todo el continente.
En correspondencia con este propósito logra conformar el Tratado de Libre Comercio, entre los países de América del norte: EE.UU., Canadá y México, que entra en vigencia el 1º de Enero de 1994.
Tanto la I cumbre de las Amércas (Miami, 1994) como la segunda cumbre (Santiago de Chile, 1998) expresan un momento de la intensificación de la ofensiva imperial contra nuestros pueblos que prosiguen las orientaciones de los conocidos documentos de Santa Fe I y II. Uno de ellos tiene que ver con la idea de la llamada “cooperación para la seguridad hemisférica”. Lo cual significa que Washington ha planificado involucrar, bajo su dirección, a todos los gobiernos y a sus fuerzas armadas en la defensa de los intereses estratégicos de los Estados Unidos.
Todas las iniciativas posteriores inspiradas o derivadas de la I cumbre de Miami, ratifican esa línea de acción tanto en el plano económico como en el político y militar. En la cumbre realizada en Chile fueron clave los temas económicos; la principal expectativa estaba puesta en hacer del continente una región comercial única, El ALCA, aunque este proyecto genera algunos temores a los países del MERCOSUR.
Los imperialistas han advertido de entrada a los países involucrados la necesidad de respetar las directivas del GATT (ahora Organización Mundial de Comercio/OMC) y otros organismos financieros internacionales; presiona para la amortización de la deuda externa con privatizaciones; reclama el pago puntual de intereses, etc.
El imperialismo implica una creciente feminización de la pobreza y la exacerbación de las desigualdades ya existentes entre hombres y mujeres. Se incrementan considerablemente las desigualdades salariales, el trabajo en condiciones infrahumanas y a menudo degradantes, sin derecho a la sindicalización, el trabajo no remunerado y no reconocido que supone hacerse cargo de una familia y de una comunidad; la violencia doméstica y el comercio sexual de mujeres que ha llegado a ser la tercera actividad mas lucrativa después del trafico de armas y de drogas.
La crisis financiera internacional vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de América Latina frente a los acontecimientos internacionales. Aún no se han recuperado los niveles de vida anteriores a la década perdida de los años ochenta cuando otra crisis financiera desencadenó una onda recesiva que agravó la pobreza, la inseguridad y la exclusión que caracterizan a la realidad latinoamericana. Los vínculos con el entorno externo han gravitado siempre en el desarrollo de América Latina. La formación de capital, el cambio técnico, la asignación de recursos, el empleo, la distribución del ingreso y los equilibrios macroeconómicos están, en efecto, fuertemente influidos por las relaciones con el sistema internacional. En América Latina, en el largo plazo, han predominado las malas sobre las buenas respuestas a la globalización. De allí la persistencia de los problemas del subdesarrollo y de los gravísimos problemas sociales prevalecientes. Ahora, una crisis financiera vuelve en escala ampliada.
Los avances científico-tecnológicos han profundizado y transformado los vínculos entre los países. La globalización no es un hecho nuevo pero adquiere ahora dimensiones distintas y más complejas que en el pasado. El crecimiento del comercio mundial se concentra actualmente en los bienes de mayor valor agregado y contenido tecnológico. Segmentos importantes de la producción mundial se realizan dentro de las matrices de las corporaciones transnacionales y sus filiales en el resto del mundo. El comercio y las inversiones privadas directas han adquirido un mayor peso en la actividad económica de los países.
La especulación es un escenario para ganar (y perder) dinero, a menudo mucho más importante que el de la inversión y la aplicación de tecnología para la producción de bienes y servicios. A diferencia de la globalización en la esfera real, la globalización financiera, tal cual se conoce ahora, es un fenómeno esencialmente contemporáneo. En el pasado, las finanzas internacionales promovieron y acompañaron, no sin sobresaltos pasajeros y algunos extraordinarios episodios especulativos, el crecimiento de la economía mundial. En la actualidad, la globalización financiera se ha convertido en un fenómeno en gran medida autónomo y de una dimensión y escala desconocidos en el pasado. El crecimiento de la actividad financiera internacional es espectacular y mucho mayor que el de la economía real. Basta recordar algunos indicadores representativos. El acervo de préstamos internacionales netos de los bancos de los países desarrollados ascendía, a fines de 1997, a 5.3 billones de dólares; 9% de las colocaciones correspondía a los países en desarrollo y 1 % a las economías en transición de Europa Oriental y las repúblicas de la otrora Unión Soviética. El crecimiento de este segmento del mercado financiero es mucho más rápido que el de la economía real. A principios de la década de los sesenta, los préstamos bancarios internacionales netos representaban 6.2% de las inversiones de capital fijo en el mundo. En la actualidad la relación supera 130 por ciento. A su vez, los inversionistas institucionales, es decir, los fondos de pensiones y las compañías de seguros y de inversión (fondos mutualistas y de cobertura), en el pasado tenían activos totales por 21 billones de dólares, de los cuales casi 50% correspondía a entidades estadounidenses. En promedio, las colocaciones de los inversionistas institucionales en la periferia representan alrededor de 10% del total de sus activos, es decir, una proporción comparable a la de los préstamos internacionales de los bancos. El mercado de derivados también ha crecido rápidamente. En diciembre de 1997 las reservas de todos los bancos centrales del mundo ascendían a 1.6 billones, la misma magnitud que las operaciones de los mercados cambiarios en un solo día. Como sostiene el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés): “las corrientes de capitales son ahora tan grandes que las reservas públicas no pueden cerrar las brechas abiertas por una repentina fuga de fondos”. En un escenario global, en el cual los movimientos de capital se realizan con total libertad, las autoridades monetarias son prácticamente impotentes para controlar los ataques especulativos y reducir la volatilidad de los mercados.
La globalización está enmarcada por un sistema de reglas establecido por los centros de poder mundial. Las normas de carácter multilateral son preferibles a las que surgen del trato bilateral entre los países. De todos modos, los acuerdos en materia de comercio, propiedad intelectual y régimen de inversiones privadas directas, administrados por la Organización Mundial de Comercio (OMC), privilegian los intereses de los países centrales. La globalización de la producción y el comercio es parcial y selectiva. En la esfera financiera, en cambio, es prácticamente total y existe, en efecto, un mercado financiero de escala planetaria en donde el dinero circula libremente y sin restricciones. La desregulación de los movimientos de capitales y la insistencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que los países de la periferia abran sus plazas, reflejan los intereses de los operadores financieros de las economías desarrolladas y sus redes en el resto del mundo. Globalización y política en resumen, es en parte un proceso político dentro de la esfera de decisión de los estados nacionales más poderosos y de las organizaciones económicas y financieras multilaterales (OMC, FMI y Banco Mundial), en cuyo seno el Grupo de los Siete tiene una influencia decisiva. En las finanzas, la dimensión política de la globalización es relativamente más importante que en las esferas reales de la economía mundial. El peso político de los intereses financieros se explica por su magnitud y, también, por la ampliación del número de personas, particularmente en Estados Unidos, que canalizan sus ahorros en mercados en buena medida especulativos. En 1997, las inversiones de los hogares estadounidenses en acciones representaban casi una vez y media su ingreso disponible. La globalización resulta, pues, de la coexistencia de factores económicos y de marcos regulatorios que reflejan el sistema de poder prevaleciente en las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, no podrá resolver problemas muy graves del orden global, como el subdesarrollo y la miseria prevalecientes en gran parte de la humanidad, el aumento de la brecha entre ricos y pobres (en los últimos 30 años, la diferencia de ingresos entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población mundial aumentó de 30 a 60 veces), el trafico de drogas y armamento, los conflictos políticos, étnicos y religiosos, las migraciones desde los países pobres y la protección del ambiente.
Hechos y ficciones de la globalización real y, sobre todo, la virtual, han contribuido a difundir una visión fundamentalista del fenómeno. Es decir, la imagen de un mundo sin fronteras, gobernado por fuerzas fuera del control de los estados y de los actores sociales. Nunca antes en la historia habían tenido lugar procesos de carácter planetario de tal intensidad y amplitud como los actuales. Las principales transacciones reales y financieras en el mundo tendrían hoy lugar en el espacio planetario (la llamada aldea global). En ella, el poder de decisión radicaría en los operadores financieros y las grandes corporaciones transnacionales. De este modo, los ámbitos nacionales estarían disueltos en el orden global y los estados carecerían de capacidad de decisión significativa sobre la asignación de recursos y la estrategia de desarrollo de sus respectivos países. La visión fundamentalista propone que actualmente hay una sola política económica posible: satisfacer las expectativas de quienes toman las decisiones en el escenario global. Cualquier intento de seguir estrategias distintas concluiría en el desorden y la marginación de la economía mundial. Si se respetan las libres fuerzas del mercado la visión fundamentalista promete que el crecimiento de la economía mundial será más rápido y estable y que los frutos del desarrollo se distribuirán entre todos los habitantes del planeta. Los supuestos de tal visión son ficciones y sus promesas están muy alejadas de la situación observable en los hechos:
• Vivimos en una América con una población de 800 millones de personas, de las cuales cerca de 500 millones viven en América Latina y la mitad de estás en la pobreza.• Una deuda inaceptable de 793 mil millones de dólares americanos con los países del norte de los cuales 123 mil millones de dólares se destinaron al pago de la deuda solo en 1999.• Una concentración de capital, de tecnología y de patentes en el norte.• Estados Unidos y Canadá concentran el ochenta por ciento del peso económico• Un mercado laboral en donde una proporción alta de los empleos pertenecen al sector informal, un sector sin voz ni derechos y donde los derechos laborales son constantemente transgredidos.• El capitalismo agrava las desigualdades entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres, y destruyen los vínculos ecológicos entre el hombre y el medio ambiente. El 20 por ciento de la población mundial consume el 80 por ciento de los recursos naturales del planeta.• Amenaza la agricultura local basada mayormente en el trabajo de las mujeres, bajo la presión de las grandes industrias agroalimentarias y de las políticas de dumping, poniendo en peligro la seguridad alimentaría.• La globalización neoliberal propicia la privatización sistemática de los servicios públicos tales como la salud, la educación, y los programas sociales mediante programas de ajuste estructural en los países del sur y recortes presupuestales en los países del norte.• Fomenta la marginalización de los pueblos indígenas y la apropiación de sus conocimientos con fines comerciales.La experiencia revela que cuando las reglas financieras generan tensiones sociales y políticas insoportables, se las cambia. Así sucedió en la crisis de los años 30, cuando el patrón oro se desplomó por efecto de la recesión y el desempleo.
El ataque a la Soberanía
Con los proyectos imperialistas que se han venido impulsando, se está preparando una gran ofensiva en contra de todo aquel que no convenga a los intereses del capital, esto lo podemos observar en México, principalmente con: Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el Plan Puebla Panamá (PPP), el Corredor Biológico Mesoamericano (CBM) por mencionar algunos, pues esto se extiende a toda América Latina.
Con dos estrategias paralelas en la misma zona geográfica: el CBM y PPP, financiadas por instituciones internacionales, se abre el camino a las empresas transnacionales para que accedan a la mayor riqueza biológica de la región, con la creación de infraestructura, industria y comercio, representan el punto de partida para la explotación y “la destrucción de ecosistemas únicos por su riqueza y diversidad biológica”.
En el sureste de México y Centro América se localiza el 11% de las especies animales y vegetales del planeta, ecoregiones de alta prioridad, bosques secos, humedales y bosques semófilos templados. Y sobre ellos, con el PPP se plantea la construcción de carreteras, puertos marítimos, tendidos eléctricos y comunicaciones de fibra óptica, plantas generadoras de electricidad, oleoductos, gasoductos, ferrocarriles, aeropuertos, canales secos y de agua así como corredores industriales y maquiladores. Se trata de las mismas líneas geográficas, y la intención del PPP y CBM es abrir la zona al capital extranjero con el apoyo del Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y las empresas financian y avisan a los grupos de los modelos a seguir. Entre las ‘transnacionales conservacionistas’, que representan los intereses de grandes corporaciones, figura la WWF, conservación internacional y Nature Conservancy, además de agencias gubernamentales de Países Bajos, Alemania y la NASA; se pretende que la región se integre a la economía global ya que el PPP es para vincular la zona con las necesidades del comercio y el mercado de los grandes corporativos internacionales, sobre todo las que tienen sede en EE.UU. mientras que el CBM busca abrir la región a la inversión bajo el esquema de servicios ambientales, en el que se incluyen los convenios de bioprospección, ecoturismo y los sumideros de carbono.
Con el ALCA, Washington quiere completar la denominada apertura de la economía en todos los países del continente para moverse libremente en lo que considera, y necesita, como su patio trasero, lo que para los imperialistas quiere decir posibilidad de dominar el mercado e imponer sus reglas. Un mercado muy significativo en el que EE.UU. ubica el 40% de todas sus exportaciones.
El ALCA:
• profundiza la crisis en el campo• profundiza las desigualdades entre hombres y mujeres• deteriora aún más, los derechos laborales y las condiciones de trabajo• lleva a la quiebra a las pequeñas y medianas industrias nacionales• aumenta la degradación ambiental y la privatización de los recursos naturales• niega la autonomía a las comunidades indígenas• fomenta la privatización de los servicios públicos• establece super derechos a las grandes compañías extranjeras y no garantiza los derechos económicos y sociales de los pueblos• es un Tratado Internacional que amarrará las manos a los futuros gobiernos y obstaculizará la democraciaEl ALCA no será otra cosa que la extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte a todo el continente, con lo que se profundizarán las grandes consecuencias que ya ha tenido este.
Los imperialistas están movilizando a su títere ‘el gobierno Mexicano’ para imponer las reformas estructurales:
• laboral; para aumentar la productividad del trabajo por medio de reducir el costo de la mano de obra e imponer su flexibilización y multifuncionalidad. Y para modificar o eliminar leyes, contratos, reglamentos y programas (como el régimen de jubilaciones y pensiones), además otro de sus objetivos es eliminar a los sindicatos y de más organizaciones del pueblo.• energético; para privatizar las industrias petrolera y eléctrica por medio de permitir la inversión privada extranjera y mexicana a través de concesiones y contratos de servicios múltiples.• fiscal; para aumentar la base gravable, cobrar el IVA en alimentos y medicinas, y quitar más recursos al gasto social para pagar la deuda externa e interna, rescatar a banqueros y empresarios (rescate bancario carretero y cañero) y crearles infraestructura (puertos, aeropuertos, carreteras, vías férreas, presas...).Por la defensa de la Soberanía Nacional
La Constitución mexicana de 1917 es un documento histórico que refrenda la tradición emancipadora de nuestro pueblo y recoge en gran medida las aspiraciones de nuestra nación con justicia, libertades, derechos sociales e independencia nacional. Hoy la constitución de 1917 y el Proyecto de Nación dibujado en ella han sido abandonados, a cambio, la oligarquía y su clase política nos ofertan un futuro sin derechos sociales, de subordinación y sin independencia. Por ello, es urgente recuperar nuestra soberanía nacional bajo los siguientes principios:
1 La soberanía nacional reside en la autoridad suprema del pueblo de México para decidir el destino de su patria
2 El territorio y los recursos naturales son patrimonio exclusivo de la Nación
3 Nuestra historia, nuestras lenguas y cultura integran la identidad sobre la que se funda la Nación
4 Nuestra Nación se reconoce en su carácter multiétnico y pluricultural, por lo que el ejercicio pleno de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas se constituye en pilar y fundamento de la Nación
5 El reconocimiento del principio de la Libre Autodeterminación de los Pueblos, el respeto y la solidaridad entre las naciones y la solución pacífica de los conflictos entre países
6 Para el establecimiento de nuestra soberanía e independencia:
à se eliminará la subordinación económica, política y militar de México respecto al imperio estadounidense y a los centros financieros internacionales como son la OMC, la OCDE, el FMI y el BM.
à se derogarán todos los tratados comerciales y militares que lesionen la soberanía como son el TLCAN, CBM, el PPP, rechazando la firma de nuevos pactos de subordinación como es el ALCA y los proyectos de control militar norteamericano
7 El nuevo Estado mexicano debe basar sus relaciones con otros países, bajo los siguientes lineamientos de la política internacional:
à pugnar por un nuevo orden mundial basado en la justicia, la paz, la democracia, la dignidad y la sustentabilidad
à promover la creación de una gran Nación fraterna y solidaria, con todos los pueblos de América Latina y Caribe
à Establecer lazos de cooperación, solidaridad, fraternidad con todos los pueblos de la Tierra y por la construcción de una sociedad justa, libre y democrática; una sociedad verdaderamente humana donde toda la humanidad pueda satisfacer plenamente todas sus necesidades físicas y espirituales
à impulsar la democratización de la ONU, eliminando el Consejo de Seguridad y el derecho de Veto que actualmente tienen cinco países
BIBLIOGRAFÍA:
▪ Artículos del economista Aldo Ferrer
▪ Enrique Leff, (2002) “Saber Ambiental, sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder” editorial Siglo XXI.
▪ Jorge Ferronato (2000) “Aproximaciones a la Globalización” ediciones Maccchi.
▪ José Joaquín Brünner, (1998) “Globalización Cultura y Postmodernidad” breviarios del fondo de cultura económica.
▪ Octavio Ianni, (2002) “Teoría de la Globalización” editorial siglo XXI.
▪ Enciclopedia Microsoft ® Encarta ® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation. (Artículos revisados: globalización, nuevo milenio, espacio geográfico, economía mundial, geografía económica, geografía cultura, metropolización, Estado, superpotencia, Keynesianismo, Joseph E. Stiglitz).
▪ Vilas, Carlos M. (1999) ‘Seis ideas falsas sobre la globalización’ en “Globalización: crítica a un paradigma”. (pp. 69-99). México: Plaza y Janés.
▪ Revista paradigmas y notas nº3 diciembre-enero 2002 “ALCA: imperialismo neoliberal”
▪ Primera versión del Proyecto de Nación de la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo.
▪ Documentos de discusión de la ONPP “Situación Nacional e Internacional”.
Jorge Linares Rojas
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