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Partido Comunista de México (marxista-leninista)

Frente Popular Revolucionario

“POR UNA NUEVA SOCIEDAD DE LOS TRABAJADORES”

El Partido Comunista de México (marxista-leninista) y el Frente Popular Revolucionario, miembros de la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo y del Frente Sindical Campesino Social y Popular se congratulan en participar en el Diálogo Nacional y exponen de manera general las propuestas y lineamientos políticos e ideológicos que sustentamos como parte de la contribución a la lucha por la nueva sociedad que requiere nuestro país. Saludamos a todos los participantes y esperamos que este esfuerzo contribuya en el proceso de acumulación de fuerzas que los demócratas, patriotas, progresistas, revolucionarios y comunistas requieren para abonar a la construcción de una sociedad donde los trabajadores deben ser los protagonistas principales.

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SOBERANÍA NACIONAL Y GLOBALIZACIÓN

Los planteamientos generales, esbozados y sintetizados en el Nuevo Proyecto de Nación de la Promotora por la Unidad nacional Contra el Neoliberalismo, sobre los aspectos de soberanía en los marcos del periodo caracterizado por la globalización del capital, el énfasis en la reivindicación de la autodeterminación de los pueblos ante la embestida del imperialismo en todas sus facetas, son, en lo general, aceptados por nuestras organizaciones como los ejes de unidad en concepción y acción para, emprender la lucha por una nueva sociedad que rescate los conceptos de soberanía y nación desde un punto de vista de los trabajadores y del pueblo en su lucha contra el capitalismo mundial.

Asimismo, en los marcos de la discusión del Diálogo Nacional, del debate interno y externo del FSCSyP, esperamos contribuir desde nuestra expresión proletaria para abonar en la lucha que ha de dar sustento a una nueva nación orientada en la defensa de los intereses de los creadores de la riqueza y de los hacedores de la historia.

Es también nuestra tarea, y sobre esta base descansan nuestros objetivos, sintetizar de manera general, para abrir de manera abierta el debate, las visiones y lineamientos político-ideológicos que encarnan nuestro programa proletario por el socialismo y el comunismo. Estos son:

1.- El neoliberalismo es la política económica que hoy aplican con rigor la oligarquía financiera y el imperialismo por todo el mundo. El neoliberalismo caracteriza las peculiaridades de la agresión del gran capital en la crisis actual, en que sigue privando la fase superior del capitalismo denominada imperialismo, en el que el capital financiero y los grandes monopolios han puesto a los pies de sus intereses de maximización de ganancias los designios y políticas económicas que traspasan las fronteras del mundo. La globalización es el revestimiento ideológico y político con que se encubre la internacionalización del capital y su ciclo de reproducción para sustentarlos bajo infinidad de planteamientos y romper las luchas contra el colonialismo y el neocolonialismo, afirmando el poder de los grandes monopolios internacionales y del capital financiero.

2.- Que el imperialismo sigue mostrando sus rasgos fundamentales, aunque con particularidades y formas nuevas, pero en esencia con las mismas manifestaciones como son: a) la hegemonía y dominación del mundo por el capital monopolista, b) el constante desarrollo y crecimiento del capital financiero como la fusión manifiesta y sistemática de los capitales bancarios, industriales y comerciales, c) La constante consolidación de un puñado de oligarcas, cada vez menor, que concentran toda la riqueza en una reducida oligarquía financiera mundial, d) la dominante y casi exclusiva función exportadora del capital desde las grandes metrópolis imperialistas para la dominación de los pueblos, y e) la constante repartición del mundo entre las grandes potencias imperialistas a través de las políticas violentas hacia los pueblos y de las guerras imperialistas.

3.- Que el reparto de la dominación política del capital internacional se sustenta en la nueva y última división internacional del trabajo supeditando toda actividad económica de los pueblos a las transformaciones técnicas del capital y sus ramificaciones en la búsqueda del incremento de extracción de la plusvalía mundial para atenuar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia mundial.

4.- Que la destrucción de las soberanías nacionales y de los derechos de autodeterminación de los pueblos, está confabulado entre las necesidades de intromisión del capital financiero internacional y las necesidades subordinadas de las burguesías nacionales, haciendo de las relaciones internacionales meros tapujos para negociar las riquezas naturales, de capital, la sangre y el sudor de los trabajadores del mundo.

5.- Que una real defensa de una soberanía popular sólo se puede entender en los marcos del rompimiento real con el imperialismo y con sus socios nacionales. Que sólo con el advenimiento de un régimen revolucionario, con una plataforma antiimperialista que se sustente en la expropiación del gran capital, nacional e internacional, puede llevar a una verdadera independencia nacional fundada en los principios de la autodeterminación de los pueblos.

6.- Que ante el dominio internacional del imperialismo, la soberanía independiente y real sólo puede tener futuro ante una lucha hermanada de los pueblos oprimidos y los trabajadores del mundo por el derrocamiento internacional del capital y por el advenimiento y consolidación del socialismo, esto basado en el antiimperialismo y el internacionalismo proletario.

7.- Que sin afrontar el problema de la propiedad de los medios de producción que hoy detenta la burguesía, en la concepción de que estos tienen que socializarse como propiedad de la clase obrera, es imposible salir de la situación actual que vivimos.

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NUEVOS MODELOS DE DESARROLLO ECONÓMICO

Las distintas propuestas de cambio en el rumbo y la organización de la economía obedecen, de manera consciente o inconsciente, a las distintas interpretaciones emanadas de la base material en la que los grupos o clases sociales intervienen en la vida económica y en las relaciones de producción e intercambio. Por ello, por más que lo veamos con la lupa de la subjetividad, las inclinaciones y tendencias a intervenir sobre los asuntos en economía social aquejan, invariablemente, al papel protagónico de las clases sociales.

En este aspecto cobra fundamental importancia en la transformación y supresión material de la base económica que sustenta la división de clases desiguales, de la subordinación económica de las clases explotadas y oprimidas ante las explotadoras, y de la superestructura institucional burguesa de opresión. Esta base material, sin distractores conciliadores, es la propiedad privada de los medios de producción.

El grado de desarrollo del capital hasta convertir a los monopolios en la esencia dominante de la vida económica en el mundo y en particular en nuestro país como parte integrante de la internacionalización del capital, exigen, por su alta concentración y centralización del capital, la socialización inmediata y restituidora de la riqueza para quienes la producen mediante la expropiación irrestricta de los grandes medios de producción.

Apelar a la lucha contra el gran capital y no preparar las condiciones subjetivas y de conciencia de clase, a los artífices de esta revolución, se convierte en falsedad intencional de las distintas expresiones del proceso de lucha y confluencia que si bien están contra la apropiación “injusta” (moral-burgués hablando en plata) de los grandes monopolios, pero que en su papel de pequeños y medianos propietarios no renuncian a sus pretensiones de desarrollo burgués y a sus sueños gran burgueses.

La necesidad emancipatoria del proletariado, su desencuentro cotidiano con el poder del capital, la privación material y espiritual de todo producto social más allá de su subsistencia, le convierte, por determinación histórica, en el sujeto histórico capaz de conducir a los oprimidos a la lucha resuelta contra el capital y la sociedad dividida en clases.

La batalla de las clases pequeño burguesas y de la burguesía media y nacional por modificar la correlación de fuerzas en el mercado y en la política contra el capital financiero ya está definida, el capital monopolista ya ganó esa lucha. Cualquier pretensión de “innovar” con proyectos desarrollistas, de protección de mercado, de “democratización” del mismo, de humanización del capitalismo o en su caso más radical, de supresión del control del capital financiero por la hegemonía del capital nacional y con el mantenimiento de los pilares económicos de la sociedad capitalista, resultan, en su conjunto, cualquiera que la combinación sugiera novedad, en verdaderas quimeras amortizantes del advenimiento final e inevitable del imperialismo por la revolución proletaria.

Hoy cualquier proceso que atente a un verdadero cambio debe en primer lugar proponerse programáticamente el rompimiento con el imperialismo, minar su poder económico mediante la expropiación y nacionalización de los grandes monopolios y del capital financiero como medidas básicas para una nueva economía de transición revolucionaria. El FPR y el Partido Comunista de México plantean en sus postulados táctico-estratégicos y como pasos mediatos en la acumulación de fuerzas por la Dictadura del Proletariado las siguientes medidas económicas:

1.- Nacionalización sin indemnización de las grandes propiedades imperialistas (bancarias, industriales, comerciales y agrícolas), poniéndolas bajo dirección del gobierno revolucionario y al servicio de pueblo.

a) Cancelación de la deuda externa

b) Desconocimiento de todo derecho de patente.

2.- Desarrollo económico independiente mediante la organización democrática y planificada de la economía nacional, impulsando la industrialización al mismo tiempo en la ciudad y en el campo.

a) Elevación de nivel de vida de los obreros.

b) Implementación del derecho al trabajo como derecho básico de todos los mexicanos. Eliminación del subempleo y desempleo. Y.

3.- Reforma Agraria sobre la base de la desaparición de los latifundios. Socialización de la tierra

a) Expropiación de tierras, ganado, y otros bienes de la burguesía y el imperialismo.

b) Reparto agrario que tienda a acabar con la explotación en el campo, tecnificando y creando un nuevo orden agrario.

c) Impulso de cooperativas campesinas. Socialización de la tierra.

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NUEVOS MODELOS DE DEMOCRACIA INTEGRAL Y PARTICIPATIVA

Asumiendo como tácticos en el proceso de acumulación de fuerzas para las masas proletarias los acuerdos tomados en los documentos de la PUNCN, y también, como necesarios y fundamentales para el periodo, los trabajos de discusión y debate del Dialogo Nacional y las tareas que en este frente corresponde a realizar al FSCSyP; nuestro Partido y el FPR exponen los planteamientos, desde la óptica proletaria, que deben ser los cimientos de una verdadera democracia popular sustentada en la participación de las masas:

1.- En México sobre la base del desarrollo del capital monopolista se ha formado el Capitalismo Monopolista de Estado. Este se comprende como la subordinación total de todo el aparato del Estado a los intereses de los grandes monopolios y a hacer de toda la vida política y social instrumento que garantice la máxima obtención de ganancias para el capital financiero.

2.- Entendiendo el estado como el instrumento social necesario para la opresión de una clase sobre otra y entonando esto a la situación histórica a la que ha arribado el capitalismo en México, en nuestro país los explotados y oprimidos carecen de toda representación de clase en los instrumentos del Estado: cámara de diputados, cámara de senadores, poder judicial, poder ejecutivo y demás instituciones que acuerpan el poder burgués. El parlamento mexicano se ha convertido en el mercadeo de los intereses populares a espaldas de las masas y así el gobierno en el administrador general de los intereses de la clase burguesa.

3.- Que bajo el régimen económico actual, no existe democracia para las masas, fundamentalmente porque esta dimana de la posesión de los medios de producción hoy en poder de la burguesía, de donde extrae y con lo que reafirma su poder político y por tanto económico. Que el sistema de partidos y de democracia burguesa no representa más que la mascarada más ruin de la dictadura del gran capital sobre la clase obrera y sobre todo el pueblo. Que los partidos por separado y en su conjunto representan los intereses de los distintos grupos de la oligarquía financiera que ostenta el poder. Que sus diferencias estriban en las políticas más o menos agresivas de ligazón con el capital financiero internacional pero que en común les une el interés de sostener el sistema de explotación capitalista en beneficio de la burguesía internacional y nacional y en perjuicio de la clase obrera. Por tanto vivimos una democracia de la burguesía para explotar y oprimir a las masas.

4.- Que el control político sobre las masas a través de las grandes centrales obreras charras y de las centrales campesinas caciquiles anulan no sólo la participación social de la clase obrera en la vida económica y política del país, sino que les subordinan a los intereses de la burguesía y contienen el descontento de las masas ante la crisis.

5.- Que la emancipación política del proletariado y de las masas sólo puede venir de su acción revolucionaria. Que esta emancipación sólo puede realizarse con el derrocamiento de la burguesía de manera insurreccional y violenta. Que para garantizar que los intereses populares sean los que dirijan la vida de nuestra nación deben en alianza estratégica gobernar obreros y campesinos pobres instaurando un Gobierno Provisional revolucionario, que una vez controlando las riendas políticas y económicas de la nación convoque mediante la movilización a una gran Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular dando origen a la fundación de una República Democrática y Popular.

6.- Que la experiencia de la construcción del poder obrero a través de los consejos obreros en la edificación del socialismo, como lo fue en la Rusia socialista, demuestran y rebasan ampliamente en el sentido democrático de la participación de las masas cualquier propuesta de la democracia burguesa.

7.- Que estas medidas tácticas y estratégicas se suscriben en el camino histórico de emancipación proletaria rumbo a la instauración de la Dictadura Revolucionaria del Proletariado, como forma única de supresión del capitalismo y etapa transitoria necesaria para la instauración del comunismo mundial.

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IDENTIDADES, CULTURA Y EDUCACIÓN

Las formas de ideología y cultura dominantes en una sociedad corresponden a las clases dominantes. En nuestra sociedad mexicana, dividida en clases, las culturas surgen, se desarrollan y son suplantadas de acuerdo al desarrollo material de la sociedad, al grado de desarrollo del capitalismo en nuestro país y por supuesto al rol internacional que este juega en el capitalismo mundial.

Las formas hegemónicas de cultura, la educación que se promueve en la familia, desde la escuela, en las instituciones y desde las religiones corresponden en su conjunto al aparato supraestructural de control ideológico de la burguesía sobre los explotados y los oprimidos.

Sobre las identidades y la cultura

Esta dominación y control ideológico, exacerbado y desarrollado por las grandes innovaciones en las ciencias de la comunicación obedecen a la preservación del status quo del orden burgués. Incluso, aquellas que parecieran no obedecer en rasgos históricos con el desarrollo capitalista y mantener formas precapitalistas, alimentan en buena medida las formas de dominación capitalista en las regiones económicas donde el servilismo y el atraso cultural son bases materiales para la expoliación, explotación furtiva y acompañamiento de procesos futuros de desarrollo capitalista agroindustrial.

En nuestro país, lejos de parecer fundamental el rescate de las identidades étnicas y regionales, estas han sido devastadas por el fuerte atraso del campo mexicano y han venido sucumbiendo ante la transformación profunda que materialmente desarrollan la agroindustria y la concentración de industria maquiladora en el norte del país.

Hoy las identidades étnicas, culturales, de arraigo en las costumbres familiares, religiosas y morales, han sido, una tras otra, disgregadas con una fuerte proletarización de la población campesina que emigra a las grandes ciudades, a los centros industriales y a los trabajos precarios en los Estados Unidos. Pueblos enteros han sido arrasados, antes solo hombres, hoy las mujeres también se incorporan a este enorme movimiento migratorio abandonando el terruño en pos de mejores condiciones de vida.

Con una población principalmente mestiza, nuestra población se identifica cada día más en su condición proletaria y de clase. Los rasgos que definen e identifican con la proletarización a la población cada vez más citadina son sus coincidencias de batallar con el desempleo, los bajos salarios, el despotismo de los patrones, los problemas de vivienda y todos aquellos que circunscriben la vida de los nuevos, recientes y viejos asalariados.

La defensa y resistencia contra las formas ancestrales de vida y los arraigos a las formas económicas previas al devastamiento por los proyectos del capital en el campo, si bien son validos obedecen a formas conservadoras que se oponen sin futuro ante el irremediable desarrollo de las fuerzas productivas y ante el mismo irremediablemente descarrilamiento de la pequeña burguesía rural a las filas proletarias. Así mismo la población en general padece la destrucción de innumerables aspectos de la cultura nacional que tienen que ver con la lucha de los trabajadores, con elementos anticapitalistas en las tradiciones, etc.

Por ello, la búsqueda de la defensa de los aspectos proletario y popular de la cultura debe estar íntimamente unido a los intereses de los campesinos pobres y el proletariado, cuya alianza revolucionaria garantiza erradicar el dominio de agroindustriales, terratenientes y caciques en el campo y de la burguesía en la ciudad (clases estas que son los soportes del oscurantismo y el atraso); de esta manera los obreros y campesinos pobres garantizarán la llegada de un desarrollo cultural armonioso bajo las condiciones materiales del proletariado en el poder.

Reconociendo las limitantes históricas que el desarrollo que las leyes económicas del capitalismo deparan a la pequeña producción rural, aceptando su necesidad de afirmación real y de su potencialidad revolucionaria, debemos pugnar por un programa integral en el campo que permita con las premisas del poder obrero y campesino pobre el cambio sustancial y de progreso para la vida rural, y por lo tanto de la manifestación cultural desenajenada del estrecho mundo del trabajo campesino ancestral.

La educación social

En cuanto a la educación general, sabiendo de esta como forma de adiestramiento social instituido para el desarrollo del imperante modo de producción y de intercambio, es preciso afirmar, sin lugar a dudas, que la transformación real de la educación y del manejo de la técnica y de las ciencias, obedecen en principio, a la necesaria transformación de la base material que se sustenta en la explotación de una clase sobre otra. Por ello sin regateos, concluimos que todo planteamiento de “hacer popular” la educación en nuestro país, sin una revolución social que trastoque el régimen de propiedad y que mediante la socialización de lo producido ejerza el libre flujo de los insumos del conocimiento, ya no en interés de la ganancia y el lucro privado, en el interés oscurantista de adocenar el conocimiento científico, pueda revolucionar, en un interés por primera vez de las mayorías, una educación que impulse el pleno desarrollo de las fuerzas productivas y de sus más altas expresiones científicas, culturales, éticas y morales.

Anulando la forma asalariada de organización laboral podrá reorganizarse la producción con pasos seguros a desaparecer la separación física del trabajo manual con el intelectual, haciendo de la ciencia y de la cultura un goce social y un factor mil veces superior en potencialidad para desarrollar al individuo y a la colectividad humanas en niveles jamás imaginados durante las anteriores sociedades clasistas y el actual capitalismo.

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JUSTICIA Y DERECHOS SOCIALES

Justicia social

Nuestra sociedad ajusta todos sus criterios de mediación social sobre la base del intercambio mercantil. Así nuestra justicia conoce sólo un parámetro para equilibrar criterios, el de los poseedores del capital, que enuncia la división de la sociedad entre clases sociales desiguales, entre los poseedores y los no poseedores, siendo la partida de esto el derecho a la propiedad privada que condena de manera directa y opresiva a los que no la tienen.

En este marco toda relación en torno a la impartición de justicia obedece al régimen de propiedad imperante y si modifica algunos aspectos en la forma dependen en sí de no alterar esa base material del reino de la propiedad privada.

Si partimos del hecho relevante de que la inmensa mayoría de la población carece de esa propiedad, piedra angular de esta sociedad, entendemos que el régimen jurídico que prevalece, que defienda la propiedad privada de una minoría en contra de la mayoría desposeída, estamos hablando de un régimen de opresión injusto desde su base material y consecuentemente injusto en sus instituciones jurídicas y morales que mantienen y defienden esa desigualdad material.

Cualquier modelo de justicia social, que deje intacta la base material sobre la que descansan todos los derechos burgueses de propiedad, de acotación entre los que tienen y los que no, de hipócrita equilibrio entre los que por lucro enajenan y los que por necesidad están enajenados, es y sólo puede ser, un jaloneo elástico de la lucha, clasista entre los poseedores y los no poseedores, en beneficio siempre de los dueños de la gran propiedad.

Por lo tanto, la justicia social no puede emanar de los criterios morales en los que se basa el derecho burgués, tiene por tanto que entrañar su procedencia de la profunda y radical transformación del régimen de propiedad, del de la propiedad privada al de la propiedad social.

Inevitablemente este cambio radical no es el inmediato, y aspirando a él las demandas de justicia social deben centrar sus armas y dirigirlas hacia los grandes concentradores de la riqueza social que defienden a toda costa el despótico estado de derecho. Toda vía por un tiempo esta alianza entre los desposeídos y los de la pequeña propiedad enfrentarán como escudo a los postulados del equilibrio moral burgués entre estos dos bandos. Solo un desarrollo material más agudo de la sociedad y por lo tanto de su expresión subjetiva conciente, sentarán las bases materiales para la supresión de toda propiedad privada y por lo tanto de la base de enajenación capitalista y de injusticia social: la apropiación del trabajo ajeno.

Derechos sociales

De igual forma los derechos sociales versan sobre el derecho al trabajo, derecho que se funda en la apropiación privada del plusvalor obrero y que se manifiesta en su forma de régimen asalariado. Así, el derecho al trabajo se encarna en nuestra sociedad burguesa como aquel al que tiene derecho el obrero como participante en la jornada laboral, presentando al obrero como esclavo de esa condición y enajenando al trabajo como necesidad, cuando el trabajo es la esencia naturalmente humana.

Los derechos de los trabajadores son una síntesis de lo que la sociedad burguesa, la relación material entre el capital y el trabajo, como media social, está dispuesta a ceder a la clase obrera, sí y solo sí, esta funciona en su calidad de materia viva para la explotación como creadores de plusvalía.

No existe para la clase de los proletarios ningún derecho burgués si no participa en la creación de plusvalía, los derechos de desempleo, históricamente se han sobrepuesto a los deseos de la burguesía en los tiempos de efervescencia de la organización obrera y no como cesión de la “bondad” burguesa.

El trabajo dejara de ser derecho, como medio fundamental de subsistencia, cuando este deje de ser necesidad de intercambio mercantil y se convierta con su capacidad social creadora en creador del más amplio esplendor de riqueza humana, que sustituya el prehistórico y todavía bárbaro uso de necesidad del trabajo por la supervivencia y le trascienda como naturaleza humana creadora. La sustitución del trabajo como medida de valor social, de su forma mercantil de salario, le desenajenará convirtiéndole en el objeto fundamental de la vida humana.

Naturalmente, una vez desentrañada esta situación, y contextualizándonos en el momento actual, en un periodo de acumulación de fuerzas, de situación revolucionaria, y de la misma transición socialista, el derecho al trabajo, y en este caso a la vida misma, son las banderas inmediatas contra toda explotación y opresión, como desgastantes y taladoras del poder del capital. La plataforma de estos derechos sociales, aún no antagónicos al capital pero inmediatamente palpables para las masas, representan en su consecución, una escuela de clase y de formación en la lucha contra las manifestaciones más horrendas del capital y socavan profundamente la contradicción fundamental de nuestra sociedad: la contradicción entre la producción social y su apropiación privada.

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ALTERNATIVAS DE ORGANIZACIÓN Y ALIANZAS

Para esto debemos de partir de la ubicación polar de las clases antagónicas en esta sociedad: la burguesía y el proletariado. Pero para el presente periodo lo principal es situar a las fuerzas más retrogradas y reaccionarias, a las capas sociales parasitarias más identificadas con el poder de los monopolios y en particular a la clase poseedora de ellos: la oligarquía financiera. Acto seguido hay que obedecer a las condiciones subjetivas de movilidad y de conciencia de las que la Promotora y el FSCSyP ya han partido: de la etapa de acumulación de fuerzas.

La tendencia actual en la lucha de clases.

La tendencia a la agudización de la lucha de clases avanza hoy día por: 1.- los ánimos de lucha de que se está impregnando el pueblo, 2.- la defensa de las reivindicaciones populares junto con el desarrollo del programa democrático y revolucionario, 3.- el despertar de la intuición de clase de los sectores en lucha y su vinculación con la lucha revolucionaria, aprovechando las condiciones legales e ilegales que se han creado, por ejemplo, los fenómenos del proimperialismo, el fascismo y las nuevas rutas burguesas por salir de la crisis, trabajan a favor de la lucha de clases y permiten en cierta medida que las masas encuentren, aprovechen las fracturas del régimen y tomen las calles, 4.- el fortalecimiento del sentido de organización entre las masas y sus representantes, 5.- la agrupación de las organizaciones en lucha en el FSCSyP y la PUNCN, y, 6.- el esfuerzo unitario de organizaciones democráticas y revolucionarias por poner en pie las organizaciones de clase.

Bajo esta situación, se ha mejorado la comprensión de los niveles en que se abre nuestra política, los grados o líneas de acción, los alcances, etc., para lograr armonizar el desarrollo de nuestras estructuras, el desarrollo de nuestras organizaciones de masas, el desarrollo de nuestro Frente Popular Revolucionario, el desarrollo de nuestras alianzas de clase, de los frentes amplios, del frente único, del frente único proletario, del aprovechamiento de las contradicciones de la burguesía a favor de nuestras iniciativas.

Esta tendencia hace que se desarrollen los elementos que están haciendo variar las formas de la lucha en términos de que se prestan las condiciones para dinamizar y hacer más audaz nuestra política de Frente Único, al tiempo que se afianzan las relaciones políticas con las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias consecuentes en la lucha, en términos de la línea de Convergencia Nacional de Oposición Popular al Régimen.

En estos momentos debemos soldar los puntos débiles de este proceso, que se sustentan en la naturaleza de las clases que luchan, para afianzar la marcha común.

Los frentes de lucha como alternativa de organización.

El frente Único como estrategia de unidad y lucha contra el enemigo común, que es el gran capital, sigue siendo la base fundamental donde se asienten todos los compromisos y reglas de unidad para tumbar a los neoliberales, a la oligarquía financiera.

El momento exige cohesionar nuestra labor en el frente de masas, particularmente en el frente sindical, para atender fundamentalmente todo lo que tiene que ver con la línea de luchar por un sindicalismo democrático, asambleísta, unitario, de clase, revolucionario e internacionalista que cumpla con las tareas educadoras, organizadoras y dirigentes en las masas.

El proletariado, los campesinos pobres y sectores populares deben aspirar a consolidar un amplísimo frente que aglutine a los trabajadores de este país, va quedando claro que dicho frente parte de la organización de la PUNCN, del FSCSyP, además de otros sectores y sindicatos en lucha, como punto de partida a la más extensa unidad del pueblo en general. Sin dogmatismos, el frente único marcha desde el momento en que las organizaciones comienzan a discutir, acordar e impulsar la acción conjunta de sus bases, en esencia el frente único encierra el aspecto de la movilización unitaria y organizada, evolucionando a la consolidación de plataformas político-económicas reivindicativas, hasta la articulación de una organización general.

El Frente Único debe ser una aspiración a la que estemos aportando continuamente nuestros esfuerzos asegurándonos que los pobres de la ciudad y el campo asimilen su importancia. Tal frente será fundamental para concentrar y centralizar todas las luchas del proletariado y sus aliados estratégicos en un contexto de amplias acciones.

Ya lo hemos indicado, hoy la lucha por este frente parte de la defensa de nuestros intereses inmediatos, se sustenta en la lucha antiimperialista, antifascista y anticapitalista, se sustenta en la lucha contra la oligarquía financiera, contra sus monopolios nacionales e internacionales.

Hoy sabemos que el frente único como expresión de organización concreta es solo una consigna, a la cual hay que impulsar en el seno de las masas partiendo de su expresión de lucha organizada y coordinada en el contexto actual, tenemos la obligación de velar porque se desarrolle desde las organizaciones para que estas asuman las tareas de su construcción.

Esta consigna cobra gran relevancia desde los tiempos actuales en que aún con las fuerzas de la Promotora, el FSCSyP y otras organizaciones, la ofensiva foxista e imperialista reclama de una unidad de tal naturaleza. Aún bajo el soporte de las organizaciones populares que van construyéndose, resulta indispensable que su avance sea en función de convertirse en bastiones del Frente Único.

La lucha actual pasará por etapas de maduración donde el simple hecho de salir a las calles e impulsar consignas generales será insuficiente para cubrir los deseos de transformación sino la convertimos en una poderosa estructura organizada y combativa, donde se comprenderá con precisión la importancia de asestarle golpes contundentes a la oligarquía financiera y sus partidos. Es aquí donde la nueva y poderosa organización frentista se hará tan necesaria e imprescindible; esta cuestión la van percibiendo algunos sectores que llegan con un cúmulo de experiencias (mismas que les dictan crudamente que no basta con mantenerse en la lucha), saben, han sufrido en carne propia el escarnio de los opresores por no contar con una amplia organización de Frente Único que sostenga y eleve sus luchas, asegurando el abanderamiento de una nueva perspectiva social revolucionaria.

El pueblo tendrá que asumir estas grandes tareas, de crearse un centro de lucha y organización, consciente de que solo así, dando saltos para ubicarse en la palestra nacional, tomando el destino en sus manos, aprendiendo a desconfiar de las intenciones de los gobernantes, combatiendo desde fuera de la influencia burguesa, rompiendo con las trampas, rompiendo con las traiciones de políticos y dirigentes entregados al sistema; destruirá las cadenas que lo oprimen, que lo condenan permanentemente a verse engañado y despojado.

Noviembre 2004