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Unidad Sindical-SNTSS

LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES, ELEMENTO IMPRESCINDIBLE DE UN RÉGIMEN DEMOCRÁTICO

Introducción.

El año que en un mes termina ha sido determinante en el proceso para arribar a una verdadera democracia.

El 2004 se caracterizó por el empuje decidido de la iniciativa progresista de la clase trabajadora nacional para consolidar la gran alianza de los trabajadores del campo y de la ciudad que coopere en el diseño y la ejecución de un proyecto democrático y justo de nación que mejore sus condiciones de vida y la de sus familias a través de la cabal realización de sus derechos sociales, económicos y de los laborales que los proteja de la violencia del capital.

Vimos marchar juntos a campesinos, obreros calificados, médicos, ingenieros, enfermeras, profesores, comerciantes ambulantes, albañiles, amas de casa, estudiantes, incluso, desocupados.

La unidad coordinada en la acción y la movilización masiva de los trabajadores por demandas no gremiales materializaban la solidaridad de la clase trabajadora; que si se mantiene coordinada siempre contará con posibilidades para mejorar sus condiciones laborales y de vida al poner en función de sus intereses y de sus necesidades al régimen político y el modelo económico.

Nuestra concepción del neoliberalismo.

La fase neoliberal del capitalismo ha sido la más violenta, la más agresiva. Al capital desde hace 40 años lo caracteriza el genocidio.

Este modelo económico, que se impuso en América Latina con el respaldo de ejércitos asesinos que instalaron dictaduras y aplicaron los experimentos de la tecnocracia egresada de Harvard, que se abrió paso desapareciendo a las organizaciones democráticas, principalmente sindicatos y a sus dirigentes; ejerciendo el poder teniendo como instrumento de gobernabilidad al terrorismo de Estado; no ha de ser muy benéfico para las trabajadores.

Las dictaduras tecnocrático-fascistas disfrazadas de democracias liberales, que legitimándose con farsas electorales se tienden como tapetes del imperio y su oligarquía; mantienen un régimen dogmático que tiene por objetivo la homogeneización de las mentes y los corazones de la gente y, en particular, la enajenación de los trabajadores.

Este nuevo modelo de acumulación parte de mantener controlados y desmovilizados a los trabajadores con los instrumentos actualizados del fascismo de los 40s.

Pregonando la modernidad, al mismo tiempo, instala leyes federales regresivas en la historia.

El corporativismo está más vigente que nunca y todas las modalidades del autoritarismo se reproducen a todos los niveles; la corrupción y el nepotismo son la fuente del poder neoliberal, en consecuencia, la represión a las iniciativas democratizadoras es una constante.

La competencia como la base de la economía del libre mercado facilita la interpretación fascista del darwinismo en lo social generando individualismo y mezquindad y justifica, simultáneamente, la desigualdad creciente.

Cualquier cosa puede ser mercancía, incluso, los derechos sociales; cualquier cosa puede ser negocio, incluso, la traición sistemática a las causas justas de los trabajadores y los esquiroles de jugosos ingresos se multiplican aritméticamente.

Los intereses de la tecnocracia son los que determinan exactamente todo, principalmente las leyes para después demandar la defensa del Estado de Derecho.

En pocas palabras, los trabajadores concebimos al neoliberalismo como el paraíso de los patrones en la tierra.

Necesitamos un régimen democrático

Para consolidar un régimen democrático, los trabajadores debemos empezar por democratizar nuestras organizaciones, reivindicando la autoridad multidireccional, es decir, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo.

En donde toda la base se encuentra informada, participa en la construcción de las decisiones colectivas y, en el nivel donde se encuentre en la estructura organizativa, instrumenta lo necesario para ejecutar la decisión.

Tendremos el difícil trabajo de remplazar al individualismo por la colectividad, la competencia por la cooperación, la irresponsabilidad por la disciplina, la indiferencia por el compromiso y recuperar el concepto de solidaridad.

Por el bien de los trabajadores estamos obligados a destruir el control corporativo de centrales como la CTM y la CROC.

Estamos obligados a desmantelar los contratos de protección y ajustar cuentas con los que los manejan impidiendo la organización democrática de los trabajadores.

Un régimen democrático deberá instrumentar lo necesario para dejar sin efecto todo aquello que afecte a la clase trabajadora o a sus familias.

Y debe favorecer la expansión de los instrumentos que posibiliten la propiedad social de los medios de producción, a través de cooperativas.

La organización de los trabajadores en un régimen democrático coopera con la movilización popular y participa en el diseño de las decisiones que favorezcan a la colectividad ciudadana y en particular a su clase.

Las leyes deben tener la función de regular y ordenar todo lo público de acuerdo con los intereses de los trabajadores; las instituciones utilizarán todos sus recursos para materializar los derechos sociales y económicos de la colectividad; así que la protección social, económica y legal será para todos los trabajadores, de la urbe o de la costa, de la selva o del desierto, de la sierra o del mar.

La seguridad social universal será una realidad siendo el Estado responsable de dar dirección a la economía nacional protegiendo a su fuerza laboral del capital y de las inclemencias físico-biológicas.

Estamos claros que hasta que no sean los trabajadores, a través de sus organizaciones, las que tomen el control y dirijan el régimen político, planifiquen la economía, diseñen a las instituciones públicas, impongan las reglas y los criterios para acceder a los espacios de delegación y ejecución, haciéndolos revocables; en donde exactamente todo se decida en función de los intereses de su clase; mientras no exista un régimen así, la tecnocracia mantendrá su dictadura, disfrazada de democracia liberal y nos gobernarán sus intereses.

Este espacio debe poner las condiciones que posibiliten la construcción de acuerdos que pongan las bases que sostengan al nuevo régimen democrático, del cual las organizaciones democráticas de los trabajadores son los cimientos.

Un régimen de y para los trabajadores es lo que la historia nos propone para rebasar la dictadura de la tecnocracia.