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Efraín Herrera*

SI CULTURA ES NUESTRA HISTORIA,

NO BASTA CON FILOSOFAR SOBRE ELLA,
ACTUAR ES SU CONTINUIDAD

El sistema social contemporáneo está sustentado actualmente sobre la base de la destrucción para su sobrevivencia, encontrando su máxima expresión en la guerra como necesidad de consumo en grandes dimensiones, ejemplo grotesco reciente son los contratos previos para la reconstrucción de Irak desde antes de iniciar la guerra. De la misma perversa manera, en el ámbito cultural nos destruyen las necesidades humanas primordiales para imponernos necesidades consumistas que la mayoría de las veces responden más a una creación de mercado.

En México la cultura ha sido concebida y administrada bajo un solo punto de vista, que ha sido el de la clase política gobernante, incluso la estructura geográfica de la ciudad responde a esa idea, por ello encontramos dividido por zonas de acuerdo al papel que ocupan dentro de la producción. Si son trabajadores, no requieren de museos, galerías, grandes salas de conciertos, se las da televisión y canchas deportivas, como si esto respondiera a las necesidades humanas.

Por experiencia sabemos que una forma de dominación es las imposición de una cultura sobre otra, y aunque estemos dentro del mismo territorio existe la imposición de reconocer, implementar y difundir predominantemente sólo un tipo de expresión cultural, que no es para nada despreciable su calidad, pero en muchos casos, esa calidad es utilizada para justificar la existencia de un sistema social que cada vez es menos justificable. Incluso hasta el desprecio por otras expresiones culturales refleja su inquietud por perder privilegios.

La resistencia ha sido una de las armas importantes de los sectores dominados, porque a pesar de que sus expresiones no han sido reconocidas ni apoyadas han sabido desarrollarlas y sostenerlas dándoles continuidad por caminos independientes con todas sus carencias, mientras no ha sido necesario para la burocracia del Estado coptarlas y asimilarlas para disminuir su carácter incomodo

En México, desde hace muchos años, está en marcha un proyecto subordinado a las necesidades de la globalización y a los intereses transnacionales que buscan dominar desde las bases culturales y la identidad de los países.

A mediados de este año CONACULTA hizo circular una propuesta de ley sobre cultura. Dicho documento fue entregado a varias Secretarías de Estado, en esta propuesta se desprende como un objetivo principal el de no fomentar y difundir cultura, sino de otorgar al CONACULTA y específicamente a quien la presida, poder casi ilimitado sobre aspectos fundamentales en materia de cultura. El mecanismo para lograrlo, es dirigir y supervisar las actividades de todos los organismos desconcentrados y descentralizados de la SEP relacionados con la cultura, presidir sus órganos de gobierno, proponer el nombramiento y remoción de sus titulares, proponer la distribución de su presupuesto y decidir el uso y destino de los recursos y las que se establezcan en el Reglamento Interno del CONACULTA, que será directamente emitido por la Presidencia de la República.

Otro de los objetivos es el apoyo gubernamental amplio y podríamos decir irrestricto a las llamadas industrias culturales de todo tipo, a través del otorgamiento de estímulos fiscales y aduanales y de gestiones administrativas para su creación, desarrollo, consolidación y expansión. Estas empresas privadas que, de acuerdo al proyecto de ley, solamente son medios para preservar y difundir nuestra cultura y tienen un impacto favorable en la economía nacional. El proyecto apoyaría con fondos públicos a las industrias lucrativas como a las no lucrativas sin distinción entre pequeña, mediana o gran empresa; nacional o extranjera, es tan laxo el concepto que da cabida a cualquier instancia con maquillaje cultural y si el poder se concentra en unas cuantas personas la “discrecionalidad” sería la norma para el otorgamiento de apoyos. En el ámbito del arte y la cultura, parece que nuestros gobernantes tratan a los creadores y a los diversas empresas culturales como meros productores de mercancías, a los que hay que cargar con impuestos e imponer condiciones que dificulten su desarrollo y la difusión de sus obras, entonces cómo es que ahora quieren aparece como los “benefactores” de la cultura a quién irán a apoyar en este sentido.

En toda sociedad globalizada, cada clase tiene sus propios criterios políticos y artísticos, siempre colocan el criterio político en el primer lugar y el artístico en el segundo por eso es que no se analiza el fortalecimiento económico de las instituciones federales desconcentradas, como son consideradas el INAH y el INBA, sino por el contrario, se busca centralizar en una sola institución los lineamientos político culturales.

Con esta propuesta la cultura continuaría subordinada a una línea política determinada por quién ejerce el poder, una sociedad sin cultura se convierte en una sociedad ignorante y vulnerable a cualquier tipo de dominación. La experiencia en la historia nos ha demostrado que la cultura es un arma muy poderosa para la sociedad, por eso ésta debe estar a su servicio para educar, transformarse y crecer. Pero solamente cuando existe la libertad de cuestionamiento, es decir, cuando no existe ningún tipo de compromiso particular sino el de la colectividad en su conjunto, es cuando la cultura responde al crecimiento de una sociedad.

En la medida que exista un sector de la sociedad concentrado de manera natural a la actividad cultural y que no esté respondiendo a intereses más que de la colectividad, se puede contar con un elemento crítico que evite cualquier tipo de sometimiento en su sociedad y de esta manera abrir esperanzas de construir una sociedad de justicia y libertad.

Por supuesto que la cultura atañe a todos los sectores de la sociedad y por lo mismo no es válido que ésta sea administrada solamente por sectores que tienen compromisos políticos con una corriente exclusivamente, ni que sufra cambios según el grupo de intereses en turno. La experiencia de nuestra sociedad demuestra como al ser administrada por un sector, el gubernamental, es decir el de un partido ligado a intereses que sostienen la estructura social y económica que todos conocemos, ha provocado que el crecimiento sea disparejo y alevoso.

“En toda sociedad de clases, cada clase tiene sus propios criterios políticos y artísticos, todas las sociedades de clases, siempre colocan el criterio político en el primer lugar y el artístico en el segundo”

- El arte debiera estar estrechamente asociado a la vida y el trabajo cotidianos de las personas, convertirse en necesidad vital de todos los sectores de la sociedad.

- La cultura debe ser humanista, debe satisfacer las necesidades espirituales de la humanidad

- Cada nación crea valores culturales importantes para toda la humanidad y, de esta suerte hace su aportación a la civilización mundial.

“Una obra de arte que carece de valor artístico, por progresista que sea en lo político, no tiene fuerza”

“Consideramos que es perjudicial al desarrollo del arte y de la ciencia recurrir a medidas administrativas para imponer un particular estilo de arte o escuela de pensamiento y prohibir otro”

“El problema de lo correcto lo erróneo en el arte y en la ciencia debe resolverse mediante discusiones libres en los círculos artísticos y científicos, a través de la práctica del arte y de la ciencia no de manera simplista”

Si un objetivo real es la centralización del poder en las acciones federales en materia de cultura y otro objetivo es el apoyo gubernamental a la iniciativa privada que decida invertir en la aún no abierta "oferta cultural", ambos objetivos se complementan y se hace evidente que para el Ejecutivo Federal la cultura es un bien altamente explotable, una nueva fuente de inversión tanto política como económica y, por tratarse de la cultura, también de conversión ideológica.

El Estado camina en sus planteamientos de llevar la cultura en dirección de la necesidad de sostener este sistema social sin cuestionamiento alguno. La posibilidad de contener esos avances y darle rumbo distinto al planteado por ellos y que obedezca más al crecimiento y beneficio colectivo, es la construcción en todos los sectores sociales de organismos autónomos que exijan condiciones de expresión y supervivencia, generalizando una actividad cultural que sensibilice a sectores amplios y dirijan sus fuerzas para contemplar la autonomía de la Cultura respecto al Estado.

En la medida que el sector cultural se encuentre libre de compromisos políticos con lineamientos particulares, podrá tener la libertad de cuestionar cualquier sistema político-económico y abrir puertas esperanzadoras de caminos para una sociedad superior.

Y si la necesidad de construcción es colectiva, no podemos en este foro plantear mayores alternativas más que la de AUTONOMÍA DE LA CULTURA RESPECTO AL ESTADO y en ese camino construir juntos las nuevas formas que respondan al colectivo que somos todos.

* Diseñador gráfico, integrante de Cultura, Trabajo y Democracia, A.C.