
María Teresa Lechuga Trejo*
HACIA UNA REESTRUCTURACIÓN DE LA COEXISTENCIA DE LO RURAL Y LO URBANO EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN PROYECTO DE NACIÓN ALTERNATIVO
Profundas transformaciones experimenta nuestra Madre Tierra, los seres vivos que la habitan cambian, fauna y flora son cada vez menos naturaleza y cada vez más culturaleza, naturalidad encadenada al capricho humano, predestinada a la muerte por mutación, a la destructiva conversión en tecnonatura. En el comienzo de la era del Quinto Sol, cuando Tloque Nahuaque –el dador de vida- abrió los ojos de una nueva civilización, éramos uno con el cosmos, éramos totalidad de vida, éramos energía fusionada, éramos el todo y partículas del mismo, éramos polvo de estrellas, hoy ya no, hoy flotamos sin asideros, átomos dispersos, individualidades, apenas trozos, fragmentos desterrados de los brazos de Gea.
Se oyeron los tambores durante tres días y tres noches, sin descanso, cada vez más intensos, cada vez más ansiosos, cada vez más heridos; se ofrendaron corazones y preciosa sangre, pero nada conseguía calmar la ira de los dioses, nada les satisfacía, después cuando uno y otro hermano caían se comprendió que nada se podía hacer porque aquéllos no eran dioses, sino humanos también y contra la ira humana no hay ofrenda posible para calmar la destrucción con que se expresa. Llovieron días de historia doliente, dolor que no cicatriza y que se hereda siempre, siempre, siempre... la nueva era ha nacido hija de una historia dolida, y ya no se llama nuevo sol porque ya se desprendió el lazo con el cosmos, se nombra era de la información y ya es nada más tecnocultura.
Hay puntos en donde el dolor se concentra más y se agudiza, América la nombraron los que no eran dioses, y de otras partes transportaban también dolor, África dijeron que se llamaba, y nosotros los herederos también hoy decimos otros nombres que duelen: decimos pobres, decimos mujeres, decimos explotados, decimos excluidos, decimos aire contaminado, decimos inconsciencia ecológica, decimos, guerra, decimos invasión, decimos paradojas porque hay globalización que todo lo conecta y para hacerlo excluye, margina, ignora y niega, decimos el no lugar, decimos la no identidad, decimos malestar en la cultura, decimos homo videns, decimos opresión, decimos no ética, decimos ciudades financieras y espacios rurales... decimos era de la información.
En esta era los espacios urbanos han cambiado, ahora en ellos se impulsan procesos globales neoliberales y estructuran redes políticas que abren compuertas para el flujo de mercados, se ha inventado un nuevo tiempo: el virtual-real y los humanos que hoy habitamos el planeta tenemos extensiones mecánicas y robóticas ¿o somos nosotros tal vez las extensiones de esas máquinas?
Las grandes urbes, las ciudades, instituciones iniciales de la modernidad, no dejaron de existir cuando nació el Estado,”...el nacimiento de la nación no requiere la muerte de su matriz urbana. A la ciudad se le exige que no estorbe con excesivos pedidos de autonomía y siga enriqueciéndose para beneficiarse a sí misma y a la red de seguridad que la protege en forma de Estado nacional.”[1], así tampoco el Estado, aun con su crisis, desaparece en la nueva configuración de macrorregiones, es parte necesaria para la constitución de un nuevo Estado ahora denominado Estado internacionalizado regional.[2]
En la nueva configuración global, las ciudades operan como centros financieros cosmopolitas y aceleradamente urbanizados, hipertecnologizados en muchos casos, así Tokio, Nueva York, Londres, y entre muchas otras grandes ciudades la antes gran metrópoli Tenochtitlan, hoy Ciudad de México, la ciudad con la población más numerosa del mundo, son los puntos nodales de la nueva estructura geoeconómica que opera en red con grandes medios de información; y los Estados hoy transformados pero no desaparecidos establecen el instrumental público que reordena la geopolítica mundial, en donde de forma paralela a la macrorregionalización, se desarrollan procesos de microrregionalización que enfatizan las diferencias y abren abismos entre los espacios urbanos y los rurales, nuestro país es una muestra clara de la fragmentación diferenciada entre un norte industrializado y un sureste de ruralidad marginada. Mientras muchas ciudades del mundo adquieren la forma de tecnópolis y centros de información, en la periferia, los espacios rurales son un enclave funcional a la tributación financiera y sostenimiento de las primeras.
A partir de que el capital transnacional ingresa a un nivel de lucha intermonopolista que redefine la configuración regional a escala mundial y en el interior de cada país, [...] las economías nacionales adquieren nuevos niveles de integración dentro de un sistema económico global y sus estructuras regionales se insertan en esta escala transnacional[3], en donde la ciudad aparece como el eje conector y articulador entre lo local y lo global, al tiempo que es el espacio socioeconómico y político para la transferencia de excedentes de la periferia al centro del sistema mundial, y en donde el Estado actúa como una relación social compleja.
“... la relación del Estado con la sociedad, [...] no se trata de una cosa, de un aparato (aunque lo incluye) con un proceso o con los grupos sociales existentes, sino, valga la redundancia, de la relación de una articulación de relaciones sociales con los intereses y las acciones de las clases y los sujetos sociales que componen dichas relaciones y dan direccionalidad al todo social.
Se trata de la relación estructurante de una totalidad concreta no con sus partes sino con los sujetos de relación (sujetos hacedores de realidad) que la constituyen históricamente y en consecuencia, ahora sí, con los procesos y estructuras objetivos en que se materializa la subjetividad históricamente determinada de dichos sujetos sociales.”[4]
Así pues, aunque el Estado esté en crisis, la figura de Estado como relación social no se ha desdibujado, sino que es la estructura de sociedad nacional la que se ha transformado a partir de los nuevos procesos desarrollados en la globalización de intercomunicación que transforman profundamente la cultura mundial hacia una cultura global y permiten, como nunca antes, que la información y el capital especulativo (financiero) fluyan en tiempo real. [5]
Ahora bien, en esta nueva estructuración social global, las asimetrías entre los espacios urbanos y los rurales como queremos enfatizar, se expresa en la diferencia de actividades financieras que se desarrollan en las grandes metrópolis, en las tecnópolis, y de actividades maquila que se realiza en las “ciudades” rurales, por lo que hay componentes culturales diferenciados que si bien son todos históricamente globales, marcan claras oposiciones entre los centros de actividad global y la periferia tributaria.
En este sentido podría decirse que lo rural no se borra por yuxtaposición de lo global, incluso podría hablarse de una nueva ruralidad global marcada por un claro desarrollo desigual en relación con las grandes urbes policéntricas, en donde se concentran los cúmulos de riqueza mundial y una hipertecnologización que desarrollan una calidad de vida cotidiana totalmente diferente a la que se presenta en los espacios rurales, donde incluso la corporalidad, y la subjetividad toda, se desenvuelven y actúan de manera distinta en tanto que las actividades y formas de trabajo conservan en gran medida –aunque en muchos casos mediadas por nuevos usos tecnológicos- el contacto con la naturaleza, con el campo, con lo que Madre Tierra pare de sus entrañas para alimentarnos, para cobijarnos y para caracterizarnos.
Históricamente, el fenómeno urbano hace su aparición cuando la producción o la captura de un excedente de alimentos permite que una parte de la población del país viva aglomerada y dedicada a otras actividades que no sean la producción de alimentos. La zona rural ofrece parte de su producción, mientras que la zona urbana proporciona determinados servicios reales o imaginarios como gobierno, seguridad, religión, educación, esparcimiento, etcétera, a través de la configuración de diversas instituciones sociales. La oposición de campo y ciudad se presenta como un efecto secundario cuando las relaciones que se desprenden de las clases constituyen el proceso que moldea la evolución de la sociedad, decidiendo la forma en que se desarrollan y relacionan entre sí las comunidades ecológicas. En este sentido, la ciudad es la sede del poder y de la clase dominante, mientras que el campo es el lugar donde se da la actividad primaria, el lugar donde el hombre entabla el contacto directo con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, lo que, de no ser por la explotación del modo de producción capitalista, le otorgaría un carácter de autosuficiencia. Frente a esta realidad diferenciada hay un fenómeno de circulación poblacional que marcan nuevas formas de interacción social: la migración masiva del campo a las ciudades y de países pobres a países industrializados.
Ahora bien, con base en lo explicado hasta ahora en relación con la construcción de un proyecto de nación alternativo, podría decirse que nuestro país demanda una necesaria y urgente reestructuración social y en cuya consolidación reside como elemento fundamental la participación del pueblo entero, por lo que para perfilar un proyecto de tal índole es necesario generar espacios incluyentes de discusión en los que primordialmente se aborden los puntos que dan cuenta de la realidad que actualmente estamos viviendo, es decir, que se difunda el conocimiento que hay en torno al contexto y con el que se van construyendo aproximaciones explicativas de nuestro aquí y de nuestro ahora; por ello, la apertura de dichos espacios deberá estar enfocada – y en ello radica nuestro principal compromiso –a la difusión de valores y orientaciones de respeto, tolerancia y pluralidad con respecto a lo que de momento, para no distraernos en explicaciones, podemos llamar aquí ‘mundo rural de México’, queriendo abarcar con el término ‘mundo’ toda la riqueza, rasgos, condiciones, historia, cosmovisión, etcétera, que significa lo rural histórico, así pues, la discusión del proyecto de nación que nuestro pueblo requiere, habrá de significar el canal de comunicación social cuya materia sea el intercambio de ideas y propuestas para la conceptualización, conscientización y desarrollo de un proyecto alternativo que contribuyan a la transformación de nuestro país en una verdadera tierra de multi e interculturalidad, en una verdadera tierra de posibilidades de convivencia, en una verdadera tierra de reconocimiento de los otros como nosotros.
En la apertura de espacios en los que se genere una discusión e intercambio de ideas y reflexiones será necesario discutir la presencia de un problema de fondo muy grave en lo referente al mundo rural, a saber: hay un vacío filosófico en términos de comprensión de lo rural como un proceso histórico que nace de la raíz que forma parte de nuestra historia y de nuestro ser, es decir, no se sabe qué es en realidad el mundo rural ni cuáles son su significado y relevancia verdaderos, no se reconoce en él la profunda raíz indígena tanto tiempo negada, lo que conlleva al desprecio de la cosmovisión que esta raíz nos hereda y al olvido de la memoria presente y pasada (por ejemplo, dicho sea de paso, en ningún nivel educativo de la enseñanza escolarizada se enseña el presente del mundo indígena y peor aún con las nuevas reformas que se ha pretendido imponer se quiere borrar de la enseñanza media el conocimiento del mundo mesoamericano). El desconocimiento de este mundo ha derivado en agudos problemas, entre los que nombraremos dos que consideramos puntos clave de análisis: 1) hay una relación fracturada entre el mundo rural, el mundo de los mestizos occidentalizados urbanizados, y el mundo de la naturaleza; de ahí que los lazos que intentan establecerse entre uno y otro mundo tiendan a debilitarse, lo que obedece a no atacar el problema desde su origen y lo que conduce a su vez a reproducir esquemas de acción cuestionables como lo es 2) el ‘apoyo’ que se brinda a las comunidades rurales por parte de grupos y organizaciones diversas, incluso gubernamentales, que las más de las veces caen en un ‘asistencialismo inconsciente’, pero no constituyen una verdadera política de Estado social.
Así pues, dada la presencia viva y amplia de una ruralidad histórica hoy transformada hacia lo global, es urgente la reestructuración de su convivencia con lo urbano en donde un Estado transformado actúe con políticas sociales a favor del mundo olvidado, a favor del agro mexicano, a favor del mundo indígena, a favor de quienes viven otro horizonte temporal, destacando la necesidad de contar con la adecuada distribución de los recursos financieros suficientes para ampliar las oportunidades de desarrollo de todos los Méxicos de México.
Dado que el embate de las fuerzas neoliberales ataca los puntos vulnerables de la sociedad y anula su derecho a una vida digna, es necesario pues, contar con un proyecto de nación alternativo que finque los preceptos de garantizar las oportunidades de equidad para el desarrollo de un bienestar compartido; hoy más que nunca el reconocimiento de todas nuestras raíces históricas, del otro rostro de México que se ha ocultado y reposicionarse en el desarrollo social nacional comprometido con las clases desfavorecidas, con los entornos olvidados, con las periferias explotadas, con la ruralidad global, es lo que un proyecto de nación alternativo, deberá atender con una posición ética de Estado social e implementar políticas estratégicas que hablen desde y por los “condenados de la Tierra”,[6] una posición que considere en su política a las relaciones sociales como ancladas en la naturaleza objetiva de las cosas, esto es, que se recupere el análisis de nuestra realidad desde un pensamiento dialéctico y la noción de que la explotación capitalista está vinculada a la ley del valor y a la extracción de plusvalía; entendiendo que la explotación no es un proceso lingüístico y que, las relaciones de subordinación son antagónicas con relación a una ideología, por lo que, la expresión de una retórica hecha proyecto no ayudaría en lo más mínimo a transformar la realidad rural de la globalidad si únicamente es una expresión de promoción de la inclusión pero sin praxis, o bien, una definición del deber ser pero sin ética.
El proyecto que se construya entonces, deberá conducirse hacia la apertura de nuevos cauces para la expansión y actualización de las formas de ser de la participación en el ámbito del trabajo con las comunidades rurales que forman parte de nuestro país, de nuestra historia, del mundo indígena, de nuestra cultura y de nuestro sentido como pueblo. Es decir que, por ejemplo, la multiculturalidad no sólo se reivindique como esencia de una interacción sociocultural, sino que hoy requiere quedar ligada indisolublemente al respeto y reconocimiento del derecho a la diferencia, lo que implica un trabajo constante y permanente de sensibilización, reflexión y promoción de la inclusión y la pluralidad. Todo ello es indispensable para orientar adecuadamente el desarrollo de un Estado que actúe con prácticas políticas, sociales y éticas a favor de la construcción de una sociedad más conciente y responsable de su destino.
Noviembre, 2004
Bibliografía
- Castells, Manuel, LA ERA DE LA INFORMACIÓN, Siglo XXI, México, 2000.
- Cox, Robert. “Global Perestroika”, información de internet.
- Freire, Paulo. PEDAGOGÍA DE LA AUTONOMÍA. SABERES NECESARIOS PARA LA PRÁCTICA EDUCATIVA, Siglo XXI, México, 1997.
- Pipitone, Ugo. CIUDADES, NACIONES, REGIONES. LOS ESPACIOS INSTITUCIONALES DE LA MODERNIDAD, F. C. E., México, 2003.
- Ramos, Arturo. GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO: EJES DE LA REESTRUCTURACIÓN DEL CAPITALISMO MUNDIAL Y DEL ESTADO EN EL FIN DEL SIGLO XX (2ª. reimp.), Plaza y Valdés, México, 2004.
Notas
*Profesora en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la UNAM y estudiante de la Maestría en Docencia en la misma institución. Integrante de la Asociación Civil “Cultura, Trabajo y Democracia”. mater@correo.unam.mx y mater75@yahoo.com
[1] Pipitone, Ugo. CIUDADES, NACIONES, REGIONES. LOS ESPACIOS INSTITUCIONALES DE LA MODERNIDAD, pp. 10.
[2] V. Ramos, Arturo. GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO: EJES DE LA REESTRUCTURACIÓN DEL CAPITALISMO MUNDIAL Y DEL ESTADO EN EL FIN DEL SIGLO XX, pp. 176.
[3] Cox, Robert. “Global Perestroika”, información de internet.
[4] Ramos, Op. Cit., pp. 142.
[5] Para ampliar información se recomiendan Castells, Manuel. LA ERA DE LA INFORMACIÓN, y Ramos, Arturo, Op. Cit.
[6] V. Freire, Paulo. PEDAGOGÍA DE LA AUTONOMÍA. SABERES NECESARIOS PARA LA PRÁCTICA EDUCATIVA.