
Cuauhtémoc Amezcua Dromundo*
HACIA UN PROYECTO DE NACIÓN CON LIBERTAD, JUSTICIA Y DEMOCRACIA, SU VIABILIDAD, SU CONTENIDO Y LA MANERA DE LLEVARLO ADELANTE**
1. ¿Es viable hoy un Proyecto de Nación distinto y opuesto al neoliberalismo?
El neoliberalismo, que es la modalidad actual del imperialismo, convierte en sus víctimas a numerosos sectores de la población, de hecho a la gran mayoría de los hombres y mujeres de todas las edades y de casi todas las clases, sectores y grupos sociales. La propaganda neoliberal presenta sus concepciones como si fueran las únicas posibles, como si no hubiera alternativa en el mundo ni en México. Falso. Alternativas existen y funcionan en la actualidad, con éxito, en el ámbito del mundo. Y en el caso de nuestro país, es perfectamente posible trazar un proyecto distinto, que conlleve la construcción de una nación que goce de independencia y soberanía a cabalidad, que interactúe con las demás naciones del mundo en pie de igualdad, no de subordinación a los poderosos, como sucede hoy; de una sociedad democrática de verdad, en la que el pueblo sea el que mande –no los poderosos locales y extranjeros, no los explotadores del pueblo, como ocurre hoy; un proyecto que conlleve una distribución del producto social justa, no de lacerante despojo de las mayorías por parte de unos pocos, como sucede hoy.
Justo el hecho de que el neoliberalismo convierte en sus víctimas a numerosos sectores de la población, nos da las claves esenciales para la elaboración de un Proyecto de Nación distinto y opuesto al neoliberalismo que sea viable hoy en día. La Historia, que es la experiencia acumulada por los pueblos en lucha, nos enseña que existe una ley inviolable que rige los procesos sociales: la ley de la correlación de las fuerzas, que determina que una suma de fuerzas sociales lo suficientemente grande, cualitativa y cuantitativamente, emerge victoriosa cuando se confronta con otra de menor magnitud.
Véase la Convocatoria a este Diálogo Nacional. Este documento, con acierto, llama a construir “una convergencia histórica, lo más amplia e incluyente posible, entre los diversos sectores que componen la clase trabajadora del campo y la ciudad, los movimientos sociales y urbanos, los pueblos indios, profesores, intelectuales, artistas y los nuevos movimientos sociales integrados por alter mundialistas, ecologistas, los movimientos de defensa de derechos humanos, de género y diversidad sexual, estudiantes, jóvenes, braceros y migrantes, pequeños y medianos industriales y comerciantes”. Allí está un elemento clave, que abre las puertas a la perspectiva de que, en efecto, de aquí surja un Proyecto de Nación distinto y opuesto al neoliberalismo. El primer elemento clave consiste en la amplitud del llamado, en el hecho de que se incluye en él a todas las clases, sectores y grupos de la población a los que el neoliberalismo ha convertido en víctimas de sus injusticias y despojos. Si en efecto, somos capaces de unir a todos ellos en la lucha contra el neoliberalismo y de articular el esfuerzo común, entonces la ley de la correlación de fuerzas habrá de operar a favor nuestro y, por tanto, la victoria será nuestra.
Siguiendo el mismo hilo argumental, habrá que sortear ciertos riesgos para avanzar con firmeza en el sentido que nos proponemos. Uno sería el de que en el movimiento de masas, de lucha social que se ha venido dando, se impusieran los intereses de algún sector con compromisos previos con algún partido político, corriente partidista o precandidato de los que ya están en campaña franca o encubierta para ganar posiciones en la elección de 2006. Si tal cosa ocurriera, entonces no surgiría de este esfuerzo un nuevo programa, sino que el movimiento mismo quedaría constreñido a una especie de “capital político” que algunos individuos esgrimirían como propio a la hora de negociar candidaturas. Habrá que evitarlo.
Otro riesgo a superar es el de que aquí se impusiera una sola visión, por justa que sea, una que refleje los intereses inmediatos de una sola clase social, de un solo sector o de un solo grupo y quiera prevalecer por encima de los de todos los agraviados por el neoliberalismo, a quienes aquí se ha convocado. Si eso sucediera, el movimiento resultaría estrecho y la ley de la correlación de fuerzas actuaría a favor del enemigo neoliberal e imperialista, muy a pesar nuestro.
Corresponderá a la inteligencia, habilidad y prudencia de los convocantes y de los participantes, todos, superar los peligros citados y crear las condiciones para que el diálogo nacional que aquí arranca lo haga bien, con buenos auspicios y mejores expectativas.
2. ¿Qué debe contener un Proyecto de Nación distinto y opuesto al neoliberalismo, para que sea viable?
El elemento unificador de la amplia diversidad de clases, sectores y grupos sociales a los que con acierto se convoca, el elemento que le puede dar cohesión y permitirle actuar de manera articulada y consecuente, sólo puede serlo un programa común deseable y aceptable para todos los convocados.
En ese programa, por tanto, deben comprenderse los anhelos y los objetivos de cada una de las clases, de los sectores y grupos de la sociedad llamados a ser parte de esa convergencia histórica. Así ha de ser el contenido de lo que en la Convocatoria del evento se denomina un Proyecto de Nación con Libertad, Justicia y Democracia, y sólo se puede llegar a su formulación a partir de oír a todas las voces convocadas, de que se recojan las grandes demandas de todos, aunque no necesariamente los detalles ni las cuestiones secundarias, y a partir de que se recojan en un documento sólidamente fundamentado y coherente en su presentación final. Sería éste el documento en el que quedaría el diseño del México cuyo anhelo compartimos de manera conjunta, para el presente y el porvenir inmediato.
Esto ratifica lo ya dicho: el Proyecto de Nación que hemos de formular, para que tenga éxito, no puede ser el programa de una sola clase social, de un solo sector y menos aun el de un grupo u organismo.
Por lo dicho antes, el programa que se formule no puede ser extremista. No se puede plantear, por ejemplo, la desaparición de la propiedad privada aquí y ahora, dado que no es un objetivo que compartan todas las clases, sectores y grupos sociales convocados. Sería un planteamiento minoritario, excluyente y condenado, por ello, al aislamiento y al fracaso, por la inviolable ley de la correlación de fuerzas, que también rige desde luego en la política revolucionaria.
3. ¿Qué debe contener un Proyecto de Nación con Libertad, Justicia y Democracia como el que se propone? Pero tampoco puede ser un programa superficial y cosmético, grato, a fin de cuentas, al imperialismo y sus servidores dentro de nuestro país. Ese tipo de programas los enarbolan con frecuencia las agrupaciones políticas de la socialdemocracia, bajo el emblema de la “tercera vía”. Hablan de libertad, justicia y democracia, pero circunscriben todo eso a la idea central de “limar las aristas más agudas del neoliberalismo”; con ello tratan de evitar que éste lastime de manera muy dolorosa a los sectores más desprotegidos de la población, pero no se proponen sustituirlo ni construir un proyecto distinto. No se proponen en realidad construir una sociedad en la que imperen la libertad, la justicia ni la democracia, categorías que, a fin de cuentas, para los partidarios de la tercera vía quedan reducidos a palabras huecas, vacías de contenido. Por ello, acaban sirviendo al capital financiero internacional y al complejo militar industrial tanto o más que lo que hacen las fuerzas de la derecha tradicional, véase el caso paradigmático del gobierno de Anthony Blair en Inglaterra.
Lo cierto es que los conceptos de libertad, justicia y democracia no son compatibles con el neoliberalismo. Resulta imposible construir un Proyecto de Nación con Libertad, Justicia y Democracia si no es en contra de ese modelo. El que de aquí surja tiene que ser un programa antineoliberal por cuanto a su contenido, más allá de que también lo sea o no por cuanto a su lenguaje.
En este ámbito de las cuestiones de fondo y forma, si en el programa se usara un fuerte lenguaje antineoliberal pero no se plantearan medidas claras y concretas para erradicarlo, todo quedaría en simple demagogia. Ahora al revés, si se plantean las medidas adecuadas y no se hace gala de un leguaje antineoliberal fuerte, no obstante, en los hechos, sí tendremos un programa antineoliberal, y esto es lo necesario. Aunque lo preferible es que reúna ambos aspectos, forma y contenido.
Y aquí hay que retomar el asunto del concepto de neoliberalismo, porque ante su evidente desprestigio, ya todos se proclaman sus enemigos, empezando por los neoliberales. Y viendo las cosas en su esencia, el único concepto válido de neoliberalismo, el que no lo disimula, es el que identifica al neoliberalismo con el imperialismo y la dependencia. En efecto, el neoliberalismo metropolitano es el que surge de las entrañas del imperialismo, de los centros a través de los cuales se expresa su poder económico y político –sean los poderosos Estados nacionales imperialistas o las instituciones supranacionales como el FMI y el Banco Mundial- y desde allá nos lo imponen; y el neoliberalismo dependiente es el que asumen, obedientes, los tecnócratas, empresarios y gerentes locales, dispuestos a cumplir servilmente las órdenes que vienen de allá.
Un programa antineoliberal tiene que ser un programa antimperialista en los hechos, lo diga o no lo diga así. Un programa antineoliberal tiene que ser uno que conduzca a México hacia su independencia económica y política, no puede ser de otra manera.
4. En el Proyecto, ¿unos cuantos ejes, centrales, o una larga relación de demandas concretas?
Puede ser de uno u otro tipo, ya sea que contenga las cuestiones de esencia, las que son fundamentales para romper con el imperialismo y construir una patria libre, independiente y soberana, en la que habite un pueblo que sea dueño de su propio destino y tenga acceso, cada vez más, a los bienes de la civilización y la cultura, o uno que contenga además toda una larga serie de demandas concretas. El primero señalado tiene las ventajas de ser más breve, más legible, más comprensible, de más fácil y menos costosa difusión masiva. Por esas razones es preferible.
Sin embargo, las cuestiones que no pueden quedar fuera del Nuevo Proyecto de Nación son las que le dan identidad. Aquéllas de las que dependerá el carácter antineoliberal de ese documento. Sin el ánimo de comprender todas las de ese tipo, enumero enseguida algunas, fundamentales:
1. No más privatizaciones por ninguna vía, ni francas ni disfrazadas. Por ello será necesario el compromiso de impedir que se modifique la Constitución para privatizar las industrias eléctrica y petrolera; comprometerse a evitar que se siga dando la privatización de las mismas al margen de la Constitución, y revertir ese proceso.
2. Es necesario retomar la vía de las nacionalizaciones y recuperar así el patrimonio nacional -que nos arrebataron los neoliberales para entregarlo a la depredación capitalista local y extranjera-, porque es la base de nuestro desarrollo con independencia y justicia social. Es necesario avanzar más allá en la intervención del Estado en la economía y, al mismo tiempo, tomar medidas que garanticen que en lo sucesivo las empresas y ramas de la economía nacionalizadas estarán al servicio del desarrollo nacional con independencia y justicia social y nunca más del enriquecimiento privado. Esto exige nuevas formas de composición de las fuerzas que encabecen la dirección política del Estado, distintas de las que se han dado hasta hoy.
3. El Estado, en efecto, deberá ser dirigido en lo sucesivo por un bloque social distinto, integrado por la clase obrera manual e intelectual, los campesinos, estudiantes y pequeños y medianos empresarios, en fin, por todo el conjunto de clases, sectores y grupos sociales que están convocados a hacer realidad el Nuevo Proyecto de Nación. Porque un Estado dirigido de manera unilateral por la burguesía en cualquiera de sus sectores, como los que ha habido tanto en el nivel nacional como en los locales del Distrito Federal y los estados de la República en las últimas décadas, y los que hay hoy mismo, sin excepción, no podría llevar adelante un Proyecto de Nación, opuesto al neoliberalismo. Ni siquiera una burguesía que se diga nacionalista o de centroizquierda. Sus limitaciones clasistas lo impiden.
4. Es necesaria una nueva forma de democracia cualitativamente distinta. Una en la que los derechos del pueblo no se limiten a votar cada cierto tiempo para escoger a sus verdugos y explotadores en turno, servidores todos al fin y al cabo del neoliberalismo, como es el caso hoy en día, con la llamada “democracia representativa”. Una democracia de nuevo tipo en la que el pueblo, las mayorías, sean las que manden y su voluntad se acate y se transforme en políticas públicas; en bienestar para la mayoría. Una que redistribuya el ingreso e impida que se concentre en pocas manos. Una que haga realidad el mandato del artículo tercero de la Constitución: la democracia no debe ser sólo una forma jurídica o de gobierno, sino un régimen que garantice el constante mejoramiento del nivel de vida del pueblo en lo material y en lo cultural. No más una democracia falsa, una democracia burguesa. Llegó la hora de luchar por una democracia del pueblo.
5. Es necesario comprometerse a aplicar los principios que norman las relaciones exteriores de México, consagradas en la Constitución: el derecho de autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales. Llevar las relaciones con Cuba a sus más altos niveles, como corresponde a la voluntad de ambos pueblos.
6. Rechazar en todos sus términos el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA y de igual manera, por elemental congruencia, su componente que ya está en marcha, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN. No sólo parcharlo, no sólo renegociar tal o cual aspecto; denunciar ese instrumento de sujeción y saqueo y revertirlo.
7. Impulsar la integración no sólo económica, sino también política y cultural con nuestra región latinoamericana y caribeña. De ésta depende en gran medida el desarrollo ulterior de México y de todos los demás países de nuestra región, desde nuestro territorio hasta el de la República de Argentina.
8. Reducir el servicio de la deuda externa en términos significativos y destinar la diferencia a promover el desarrollo nacional. Esto, en función de la correlación de fuerzas en el ámbito internacional, será posible si se actúa en un frente común con otros países que también son víctimas de esta forma inicua e inmoral de explotación. Una renegociación conjunta por parte, por lo menos de tres o cuatro países que ya, hoy mismo reúnen las condiciones tanto para participar en esa acción conjunta como para garantizar el éxito de la misma, como pueden serlo, por ejemplo, Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay, Paraguay, se daría en condiciones muy distintas de aquéllas a las que puede aspirar solo cada uno de nuestros países.
9. Acabar con el robo a la Nación y al pueblo que significa el Fobaproa-Ipab. Garantizar al pueblo y a las comunidades indígenas sus derechos y una vida digna y decorosa. Garantizar la gratuidad de toda la educación pública, defenderla de la embestida de las fuerzas oscurantistas y exigir se respete y aplique en todos los niveles el artículo tercero constitucional. Impedir se restrinjan derechos y conquistas de los trabajadores consagrados en el artículo 123 constitucional y en la Ley Federal del Trabajo. Regresar el manejo de las pensiones al Seguro Social a fin de que sirvan para incrementar las pensiones a todos los trabajadores. Garantizar la plena vigencia de la seguridad social con un carácter solidario, tal y como surgió de nuestra propia experiencia histórica.
10. Modificar el artículo 27 constitucional para volver a la esencia, aunque no necesariamente al texto literal que tenía antes de las reformas salinistas, y establecer una política de apoyo al campo, a través de obras de infraestructura, créditos oportunos y baratos, asistencia técnica y subsidios que permitan elevar su productividad.
Ciudad de México, noviembre de 2004.
* Licenciado en ciencias de la comunicación, maestro en ciencia política, doctorante en estudios latinoamericanos, todo ello por la Universidad Nacional Autónoma de México, decente e investigador, autor de una decena de libros publicados, diputado a tres legislaturas del Congreso de la Unión, Primer Secretario del Partido Popular Socialista de México, miembro del CEN de Nueva Democracia, APN, coordinador nacional del Movimiento Mexicano Juarista Bolivariano por la Soberanía y la Unidad de los Pueblos de América Latina y el Caribe.
**Ponencia para el Diálogo Nacional Hacia un Proyecto de Nación alternativo al Neoliberalismo, con libertad, justicia y democracia, ciudad de México, 27 y 28 de noviembre de 2004.