III DIÁLOGO NACIONAL

POR UN PROYECTO DE NACIÓN ALTERNATIVO AL NEOLIBERALISMO

Acumulación de fuerzas

Cultura, Trabajo y Democracia A.C.

cutradem@yahoo.com.mx

4 y 5 de febrero del 2006

En las urnas, en las calles, en la selva… ¡todos contra el neoliberalismo!

TOD@S QUEREMOS PODER… CONTRA EL NEOLIBERALISMO

MARÍA TERESA LECHUGA

Son ya varios los análisis y no menos las polémicas suscitadas alrededor de la noción del antipoder, punto nodal del debate en el que parecen bifurcarse dos grandes espacios de las dos partes en contienda: 1) el zapatismo, que a tantos corazones nos tiene aún cautivados por sus profundas enseñanzas político-filosóficas, y 2) la batalla electoral que se anuncia, por primera vez en la historia de los últimos años de las votaciones en México, como la posibilidad de cristalizar –al menos- la voluntad de la ciudadanía.

En uno y otro extremos, la lucha es la misma: la defensa más legítima del pueblo: su dignidad , los caminos, y cierto, las formas, son contrarias, pero no por ello contradictorias , y cuando uno y otro rostro se niegan, simplemente se enredan en la justificación, y, a sentir de muchos que andamos voluntariamente los dos caminos, encontramos en ambos latidos un solo corazón: el del histórico pueblo mexicano que tal vez no conoce de izquierdas definidas, el del pueblo que hace ya casi un siglo tuvo su última revolución, el del pueblo que ha sido testigo de las caídas de los movimientos obreros y populares del siglo XX, pero que sí sabe que, aunque el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional y ya no quiere sufrir.

Así, ese pueblo reconoce que, para terminar con el sufrimiento que tanto le ha minado no basta con una sola fuerza, pues las condiciones para enfrentar la embestida se han recrudecido, antes la lucha era contra el capitalismo, ahora es contra éste y contra su más amargo rostro: el neoliberal; antes la lucha era por la democracia, ahora es por ésta y por hacerla efectiva; antes era por tener voz, ahora es porque ésta sea escuchada; antes era por el poder, luego por el no poder, ahora es porque tod@s queremos poder .

A decir de reconocidos intelectuales y admirados amigos como John Holloway hay que rechazar la idea de tomar el poder (recuérdese su interesante y polémico libro Cambiar el mundo sin tomar el poder ), sin embargo, el propio pensador reconoce que “hacer implica poder, poder-para-hacer”; es decir, niega y reconoce, condena y justifica, rechaza el poder como condición para cambiar el mundo pero acepta el poder como condición para hacer, y el hacer es lo que cambiará el mundo, algo así como que el poder no entra en relación directa con la transformación y el intermediario es el hacer, pero que, en sí mismo se convierte también en un poder que no sería ya entendido como un poder-sobre, sino como un poder-para. De acuerdo, y por ello insistimos: tod@s queremos poder, aun si se trata de un poder-para, en eso, digamos que nuestro corazón late zaptistamente .

En lo que creo que coincidimos el pueblo mexicano en todas nuestras luchas es en que ya no queremos que unos cuantos sean los que conciben el poder-sobre, pero no ejecutan, otros sean los que obedecen y ejecutan pero no conciben. Sólo que, para poder eliminar ese poder-sobre del que gozan unos cuantos, habría que ejercer un poder contra ellos para arrebatárselos, o disminuirlo o eliminarlo, ello sería a través de otro tipo de poder que sería el poder-para, el poder-hacer, pero que, en esencia, sigue siendo un poder, y sigue estando dado por la lucha, por el conflicto entre unos y otros, entre unos que tienen un tipo de poder y otros que tienen otro tipo de poder, y la lucha se entablaría puesto que el poder-sobre es más poderoso que el poder-para.

En estos casos más vale recurrir al marxismo y recordar que el poder no nace del hacer, sino de la lucha entre un hacer y otro hacer antagónicos (ambos concibiendo, ambos ejecutando). Lo importante es definir los escenarios de los protagonistas del poder; esto es, para ser más claros y directos, que, ni la lucha electoral, ni La Otra Campaña, aglutinadoras éstas a su vez de otras luchas históricas (a favor de la ecología, por la equidad de género, por la libertad sexual, etcétera) son los sujetos antagónicos de la historia que estamos construyendo hoy en día, en la coyuntura que estamos viviendo el otro, el antagónico, el que nos ha dejado a todos ocupar el no lugar , el que nos ha orillado a la marginación, el que nos oprime, es el neoliberalismo, y, en nada le inconformaremos si empleamos nuestras fuerzas en una lucha interprotagónica innecesaria, siendo que lo que requerimos es acumular las fuerzas que nos vienen del dolor histórico y profundo que hemos vivido.

Si el poder-hacer que nos han enseñando los zapatistas reafirma nuestra subjetividad como pueblo y como sujeto autónomo, proyecta el nosotros colectivo, y rescata la unidad; es el poder-sobre el que nos abrirá el espacio para hacer viables las propuestas de los de abajo, pues es el poder que tiene el pueblo como sujeto de derecho, el poder desde donde, también, podemos defender nuestra dignidad, y esto lo decimos puesto que, para llegar a un poder-sobre, antes hay un poder-hacer, y éste poder-hacer puede ser el que se disputará en las urnas.

Ahora bien, si entre quienes conciben y quienes ejecutan hay una comunidad de intereses y de objetivos, entonces el hacer, lejos de romperse, perfectamente puede continuar fluyendo armoniosamente; si no hay tal comunidad, entonces, querría decir que el hacer se habría roto desde antes. Es exactamente aquí que el entramado se puede estructurar: no dejar desde ahora que se rompa el poder del pueblo, tanto el poder-hacer, como el potencial de convertir éste mismo en poder-sobre, y la forma de hacerlo es, amén de configurar una fuerza de fuerzas, entender que en la lucha de esta coyuntura contra el neoliberalismo, contra la opresión, contra la marginación, esto es, en la lucha por la dignidad cambemos tod@s.

Ya Guillermo Almeyra en diversos análisis brillantes nos ha hecho notar que la dicotomía opresor-oprimido es relativa dependiendo de las condiciones específicas de cada situación, y que, en los terrenos electorales, también se puede defender incluso, la batalla étnica (p. e. el reciente caso de Bolivia).

Por otra parte, cabe mencionar que tampoco las afirmaciones más categóricas de que la condición necesaria para transformar el mundo de la explotación capitalista en un mundo sin explotación es la conquista del poder por el proletariado y la dictadura del mismo, puesto que, del proletariado o de cualquier otro sujeto histórico, lo que en este mundo ya no debe haber es ninguna forma de dictadura, por ello insistimos: en la lucha por la dignidad cabemos tod@s.

Ya grandes pensadores como Wallerstein han destacado que tras 500 años de existencia, el sistema capitalista mundial está, por primera vez, en una verdadera crisis sistémica, y que nos encontramos en una época de transición, que existe una verdadera perspectiva de cambio fundamental que abre una coyuntura importante, en la cual América Latina está jugando un papel destacado en el devenir de la historia que construimos en el presente.

En este contexto histórico el principal problema para la izquierda mundial es que no tiene una estrategia para la transformación del mundo, y que el opresor sí la tiene, el neoliberalismo constituye dicha estrategia; sin embargo, a decir del propio Immanuell Wallerstein, no hemos sido derrotados globalmente, pues desde 1968, diversos movimientos, viejos y nuevos, han puesto a prueba muchas estrategias alternativas, dando lugar a lo que hoy conocemos como movimientos antisistémicos, del que, hay que destacar, los zapatistas han sido pioneros en desarrollar una propuesta alternativa no sólo de nación, sino incluso de mundo. Y es este mismo autor quien nos recomienda, además de movernos en las trincheras urbanas y rurales del movimiento social, de salir a recuperar nuestras calles, utilizar tácticas electorales defensivas.

Decía Wallerstein en una de sus múltiples conferencias que los triunfos electorales no transformarán el mundo, pero no pueden ser despreciados. Son un mecanismo esencial para proteger las necesidades inmediatas de las poblaciones del mundo contra las agresiones en busca de ganancias. Hay que tratar de obtenerlas para minimizar el daño que puede ser infligido por la derecha a través del control de los gobiernos de todo el mundo. (Insistimos en voltear la mirada hacia Bolivia). Sin embargo, esto hace de las tácticas electorales un asunto totalmente operativo y pragmático, de lo que se trata es de defender ese voto con un amplio movimiento político-social, pero que no se diluye tras la elección, sino que constituye ahora sí, el poder-sobre, un poder-sobre las decisiones nacionales.

Lo que debe destacarse más allá de las diferencias y matices que hay entre las formas de lucha, es que el poder como forma representativa legitimada por el voto ciudadano y el poder como forma activa del hacer, implican ambos, una acción comprometida, por lo que, como decíamos desde el Segundo Diálogo Nacional, de nada servirán los discursos vacíos de acción.

Si no unimos fuerzas, corremos el riesgo de desaprovechar esta oportunidad coyuntural, en este Tercer Diálogo “…debemos ser capaces de conjugar esfuerzos, talentos, capacidades, recursos y conocimientos diversos de tod@s l@s participantes para construir un movimiento político común que defienda los principios constitucionales básicos de soberanía nacional y de derechos del pueblo de México, entendiendo que la Constitución ha sido arbitrariamente atacada con las reformas de adecuación neoliberal y que ha afectado o intentado en otras ocasiones afectar, lo que más necesita una nación para su desarrollo, a saber: lo relativo a las formas de tenencia de la tierra; los servicios básicos sociales de educación y salud; el reconocimiento e inclusión de los pueblos indios; la definición de la explotación y uso de los recursos naturales estratégicos nacionales; y la configuración de un sistema judicial efectivo.

Debemos salir de este Tercer Diálogo constituidos como una fuerza política para defender la autonomía de un proyecto de nación alternativo, esto es, que “…no puede someterse al capricho de ningún representante electo, sino que el proyecto mismo debe contener la propuesta de su aplicación con cualquiera que sea la instancia que gobierne el país y aclarar que la transformación y construcción constante de un proyecto de nación sólo es posible con el diálogo democrático nacional”

En las urnas, en las calles, en la selva… ¡todos contra el neoliberalismo!

Cultura, Trabajo y Democracia A.C.

cutradem@yahoo.com.mx

4 y 5 de febrero del 2006

María Teresa Lechuga