MESA : B
----------------------------------------- diciembre de 2005 IZQUIERDAS Y DERECHAS Por Julián Rodríguez Marín En los últimos años en el mundo se ha manifestado una tendencia que marca el resurgimiento de los gobiernos calificados como de izquierda. En particular en América Latina diversos partidos y candidatos autodenominados izquierdistas han ganado importantes posiciones, y según numerosos analistas, en México existe la posibilidad de un triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, a quien algunos califican de izquierda, otros de centroizquierda, aunque el EZLN lo descalifica y lo llamó neoliberal e incluso salinista. No obstante, y pese a la descalificación del EZLN, hay quienes comparan a AMLO con Hugo Chávez, otros con Inacio Lula da Silva, e incluso hay algunos que encuentran similitudes con Evo Morales, aunque pocos lo identifican con Nestor Kirchner y casi ninguno con Ricardo Lagos, todos ellos gobernantes latinoamericanos considerados de izquierda, pese a que existen marcadas diferencias entre cada uno. El término izquierda es muy general y provoca polémicas y discrepancias entre sus mismos partidarios, y aún asusta a numerosas personas y sectores conservadores, empresarios y en general a las llamadas clases medias y altas, y lo sorprendente es que no pocos sectores de clase baja tienen temores hacia la izquierda, Realmente, no existe un consenso general y universal sobre el contenido precisó de este concepto. Numerosos analistas políticos tienen su propia concepción sobre la izquierda y con ella lanzan anatemas y excomuniones, censuran y despedazan a quienes no se ajusta a sus cánones. Izquierda concepto vago, amplio y muy general
Evidentemente, el concepto de izquierda aparece como algo demasiado amplio y general que abarca a diversos movimientos, grupos, tendencias, concepciones sociales, enfoques, los cuales sin embargo tienen algo en común: la crítica al orden social actual capitalista y neoliberal, y la búsqueda o la propuesta de un cambio social. Aunque todos difieren en los cómos, los ritmos del cambio, las prioridades, los métodos. En este panorama, diversos grupos se arrogan la representación de la auténtica, la verdadera izquierda frente a todos los demás, y con ello descalifican a los grupos opuestos, a quienes tildan de advenedizos, oportunistas, arribistas, izquierda apócrifa, o utilizan epítetos menos políticos y más familiares, Esto hace necesario tratar de redefinir cual es el contenido de la llamada izquierda, en particular a la mexicana. La definición es un proceso mental que permite ubicar los objetos y fenómenos reales o imaginarios con una envoltura conceptual y que tiene su expresión concreta en las palabras o términos, y el concepto permite delimitar las características más generales pero esenciales de cada cosa. El problema es que las ideas difícilmente alcanzan a comprender toda la realidad que es multifacética y cambiante, y se niega a enmarcarse y encuadrarse en definiciones esquemáticas y absolutas, y que siempre pone en evidencia el carácter relativo, aproximado y flexible de los conceptos. El problema es mayor cuando se trata de definir temas sociales, políticos, económicos, en particular ubicar corrientes, líneas de pensamiento, escuelas y tendencias políticas. No obstante, desde hace dos siglos los términos de izquierda y derecha han desplazado a otras palabras que se utilizaban para definir las tendencias sociales, políticas y económicas particulares en cada país. Geografía política esquema simplista para realidad multifacética
Con estos dos conceptos se pretende encerrar una multifacética y abigarrada multitud de tendencias políticas, a cuerpos de ideas, a sistemas integrales sobre un proyecto de sociedad, a propuestas y proyectos sociales y económicos. Y con el mismo simplismo se aplica a gobiernos, partidos, líderes, grupos, corrientes. Entre los extremos de derecha e izquierda surgió el término de “centro” que se aplica para encajonar a los que no se adaptan a los extremos, a quienes se sitúan en el justo medio entre la izquierda y la derecha, a los moderados de ambos extremos, similar al famoso término medio aristotélico. Y esta geografía puede extenderse de manera muy amplia, y en la cual cada uno se ubica a sí mismo y a sus adversarios en una fracción de la regla, así como a grupos afines, a los indecisos, a los adversarios. En la historia de la sociedad este tipo de definiciones políticas se han presentado generalmente en forma de dualidades, las llamadas dicotomías, consideradas los contrarios, las caras opuestas de la misma moneda, es decir los términos que ubican a las facciones que se han enfrentado a través de los siglos En la historia de México hemos encontrado estos opuestos en las luchas políticas con diferentes nombres, y para no ir muy lejos recordamos solo al México independiente, donde surgieron los insurgentes y los realistas, monarquistas y republicanos, centralistas y federalistas, liberales y conservadores, clericales y laicisistas, autoritarios y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, nacionalistas y proimperialistas, sin embargo como en todo el mundo los términos de izquierda y derecha han ganado presencia y se han legitimado como una aportación que dejó la Revolución Francesa. Izquierda y derecha aporte de la Revolución Francesa En su origen -definido por su ubicación en la asamblea popular- la izquierda estaba compuesta por los sectores radicales de esa revolución, en particular los jacobinos que buscaban el cambio total. Por el contrario la derecha esta integrada por los grupos que defendían medidas menos radicales, los partidarios de la negociación o incluso la defensa abierta de los privilegios de la nobleza y del sistema anterior. Este mismo esquema se ha desarrollado en la lucha política de los últimos dos siglos con una gran relatividad, y que en sus términos más generales se ubica como izquierda a los partidarios del cambio social, a quienes postulan la primacía de los derechos colectivos sobre los individuales, a las corrientes identificadas con las variantes del socialismo, la socialdemocracia; mientras que la derecha se ubica a los defensores de la religión, del liberalismo económico, de la libertad individual y empresarial, contrarios a cualquier intervención estatal, a los apologistas de los privilegios y valores de las clases dominantes quienes apelan a principios eternos. Asimismo, dentro de cada una de estas dos tendencias existe una diversidad de variantes, y en nuestro caso dentro del espectro de la izquierda se aglutina a numerosas corrientes críticas del capitalismo, a quienes le apuestan al cambio social, y que incluyen desde las tendencias moderadas y tímidas, hasta las extremas y radicales que buscan el cambio mediante la ruptura y la transformación profunda del sistemas sociales. Izquierda mosaico heterogéneo de fuerzas y corrientes En la izquierda encuentran sitio los llamados librepensadores críticos por el cambio, los nacionalistas progresistas, los reformistas de todo tipo, los populistas, anarquistas, todas las corrientes socialistas, entre ellas los socialdemócratas, cristianos, utópicos, comunistas, todas las corrientes marxistas y sus derivados: leninistas, maoistas, trotskistas, guevaristas, nueva izquierda, althuserianos, las escuelas críticas, y numerosas denominaciones de existencia efímera, principalmente en los medios académicos, sobre todo europeos y estadounidenses y algunos latinoamericanos. Un sector importante de esta corriente es la llamada ultraizquierda, integrada por los grupos radicales, entre estos los grupos armados que se definen de izquierda anticapitalista, y que proponen la vía armada para conseguir sus objetivos. No obstante, dentro de la ultraizquierda se ubica el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se ha convertido en un grupo radical muy sui géneris, que se mantiene en armas y busca el cambio radical, pero apela a la lucha civil organizada, independiente de los partidos y de la vía electoral. Además, en las últimas décadas surgieron numerosas corrientes que no se enmarcaban dentro de estas tendencias clásicas, pero las cuales se asumen a sí mismas de izquierda y han conquistado su propio espacio de lucha para defender sus puntos de vista, sus propios intereses y sus particulares puntos de vista, En estas nuevas tendencias se engloban los grupos ecologistas, las organizaciones pacifistas, los grupos antiglobalización, los defensores de grupos marginados y de minorías, los feministas, los movimientos de libertad sexual, los defensores de derechos humanos y de los grupos minoritarios, de los indígenas, de menores, grupos contra la violencia familiar, entre muchos otros. Algunos teóricos consideran izquierda solo a los grupos anticapitalistas y socialistas organizados y con presencia política, no obstante, un gran número de intelectuales, artistas, escritores, dirigentes sociales, sindicales, defienden posiciones de izquierda y se consideran a sí mismos miembros de esta corriente, aunque no militen en ningún grupo político organizado. Pese a ello, dentro de la sociedad existe un numeroso grupo de personas, calculado en México en varios millones, que constituye el llamado voto duro de los partidos de izquierda y que defienden su preferencia política y partidaria, sin ser militantes de esas organizaciones. En otras palabras, no existe una izquierda única y delimitada con precisión, sino un mosaico amplio, heterogéneo, difuso, que aglutina a numerosas corrientes, personas, grupos, tendencias, que ofrecen a la sociedad objetivos limitados, proyectos políticos, luchar por la defensa de algunos derechos, trabajar y solucionar diversos problemas sociales, que convocan a enfrentar la globalización y el capitalismo, pero que sus propuestas de una nueva sociedad son imprecisas y vagas, y los caminos para lograrlo aún más. La diversidad de la izquierda y falta de objetivos comunes Un problema de las actuales corrientes de izquierda es que no tienen objetivos precisos únicos y consensuados, sino grandes abstracciones y deseos, unos prometen construir una sociedad igualitaria sin la explotación de nadie, con oportunidades para todos, algunos dejaron de proponer el socialismo como se llamaba antes a su oferta política y económica, debido a que los países que fueron llamados socialistas mostraron un fracaso, o por lo menos graves deficiencias en materia de bienestar, igualdad y democracia, temas que quedaron como asignaturas pendientes en esos países y que pesan aún para proponer un nuevo tipo de sociedad sin esas deficiencias Uno de los problemas centrales que afrontan todas las corrientes es la definición de un programa, el camino para construir esa sociedad igualitaria, democrática y plural, con un desarrollo económico que garantice el bienestar de cada uno de los miembros de la población La izquierda, principalmente la de origen comunista, asumió en las últimas décadas el compromiso de construir una sociedad democrática, después de que durante muchos años desdeñó estos mecanismos por considerarlos instrumentos de la burguesía, pero que fue obligado tras la fuerte carga de autoritarismo, purgas, represiones e intolerancia a la crítica y a la libertad de pensamiento que prevaleció durante muchas décadas en numerosos partidos de izquierda comunista y en países socialistas. La derecha siempre ha sido más homogénea Por el contrario la derecha siempre ha estado representada por los grupos poderosos vinculados a grupos empresariales y a caciques relacionados con el poder político, que defienden la presencia religiosa en la vida pública, que siempre se han aglutinado bajo las banderas de la religión, entre ellos los grupos antiabortistas, a los defensores del capitalismo a ultranza y salvaje, que defienden la primacía de los derechos individuales sobre los colectivos, y en nuestra época los defensores del neoliberalismo. Aunque la derecha también se mueve en un gran diapasón de corrientes y grupos, que van desde la derecha ilustrada formada por los profesionistas liberales, pasa por los grupos empresariales, grupos religiosos laicos, ordenes secretas arcaicas del tipo Opus Dei y muchos otros, también abarcan la creación de grupos de extrema derecha capaces de desatar la violencia y que en México y han tenido una fuerte presencia durante toda la historia del país y cuyo reflejo más evidente fueron los grupos de cristeros y los simpatizantes del nazismo. Democracia proceso de participación y en cambio constante En las sociedades democráticas, Las organizaciones de izquierda, centro y derecha, aunque cuentan con simpatizantes dentro de la sociedad, su deseo es conseguir el apoyo mayoritario de todos sus sectores para que respalden sus causas y sobre todo su pretensión de llegar al poder. Aunque algunas organizaciones afirman que ellos responden a los interesas de alguna clase en particular, la realidad es que buscan obtener votos por cualquier medio, incluso mediante la cooptación a través de dádivas y sumar mayorías suficientes que les permitan acumular un mayor capital político. Lamentablemente, en el mundo y en México hemos sido testigos de que los gobiernos nacionales, regionales o municipales son cada vez menos representativos, y cada vez más los gobiernos, los partidos o coaliciones llegan al poder con votaciones minoritarias que representan entre el 20 y 30 por ciento de los electores de un país, es decir cada vez los gobiernos son menos democráticos en el sentido de que no son reflejo de mayorías sino de sectores minoritarios. No obstante, aunque esos partidos o coaliciones que conquistan el gobierno de un país son realmente minoritarios, ellos deben pensar en de acuerdo con los intereses nacionales y no solo -como ha sido hasta ahora- con criterios estrechos de partido, de sector, o en beneficio de sectores minotitarios. El México contamos con una población de 106 millones de personas, de los cuales casi 35 son menores de edad y los restantes 71 millones son adultos, los cuales están inscritos en el padrón electoral, el cual es un censo actualizado que nos ofrece datos importantes. Este es el grupo que debe tomar las decisiones sobre los grandes problemas nacionales, que debe decidir que rumbo darle al país, que aspectos de la vida política deben cambiar en el país. Tampoco hay que descartar a los otros 10 millones de mexicanos que se encuentran en Estados Unidos y que se han convertido en un factor económico fundamental que envía remesas por 20.000 millones de dólares, cifra que supera las inversiones extranjeras directas y los ingresos del turismo. Sin embargo, de los 71 millones de mexicanos inscritos en las listas electorales, generalmente votan entre el 60 y -en ocasiones extraordinarias- el 75 por ciento, lo que significa que la participación política electoral se sitúa (y se podría situar este año) entre 42 y 53 millones de personas. En caso de que haya una votación de 42 millones de votos en las elecciones de julio de 2006, y un candidato gane con un 40 por ciento, eso significará que tal presidente contará apenas con una mayoría de 17 millones de votos, si bien le va, los cuales representarán apenas el 24 por ciento de la población adulta del país registrada en el padrón electoral. Los cálculos alegres de los partidos y de algunos analistas señalan que el voto duro de los tres principales partidos es cercano a los 20 millones de electores, diez para el PRI, y el resto se los reparten los demás partidos. No obstante, es difícil pronosticar que estas cifras se puedan mantener en este año, sobre todo después de los escándalos que se han generado en los últimos tres años en la mayoría de los partidos. Por otra parte, también se ha observado una tendencia constante en las últimas tres décadas sobre el desmoronamiento del voto duro en favor del PRI, que ha ido acompañado de una pulverización del voto y la indecisión de los votantes para otorgar la confianza firme y permanente a una sola fuerza política. Un buen número de votantes ha dejado de identificarse con los partidos políticos y la gran mayoría no decide su voto por motivos de carácter ideológico. La población mexicana no tiene definida su orientación ideológica, pese a que hay sectores, ciudades y estados donde se manifiesta una mayor penetración de los partidos o la influencia de algun candidato, como ha sucedido con el PRI en algunos estados o en el caso del PRD en el Distrito Federal, donde ha mantenido cierto predominio desde 1997 tras la elección del jefe de gobierno. Un problema que no permite que la población se identifique con una tendencia ideológica se debe a que los partidos no desarrollan campañas de ideas para destacar sus proyectos políticos o sus programas de trabajo y de gobierno, sino aparecen solo con ofertas pragmáticas con mecanismos y criterios de promoción publicitaria de mercado. Los partidos no irán a la campaña electoral con sus banderas ideológicas desplegadas sino en la promoción de unas cuantas ideas, muchas generalidades sin grandes novedades, entre estas de promover la inversión, el crecimiento y el empleo sin precisar los cómos, pero sobre todo insistirán en la descalificación de los contrarios en el vituperio, la agresión, la propaganda negra, el sofisma y las falacias para demeritar al contrincante. Retos de los partidos para un nuevo gobierno Las crisis económicas que sufrió México a partir de la década de los 70 minaron la capacidad de operación política del PRI y los cambios ideológicos que fue asumiendo ese partido provocaron crisis y fuertes rupturas internas que han derivado en la aparición y fortalecimiento de nuevos grupos y partidos, lo que preparó su derrota y la pérdida del gobierno presidencial a manos del PAN en 2000. Sin embargo, pese al cambio de gobierno con escasos resultados y constantes tropiezos, el gobierno panista han decepcionado a millones de votantes que habían confiado en una tranformación profunda, lo que ha generado una situación de incertidumbre sobre las inclinaciones del voto en las elecciones presidenciales del 2 de julio de 2006, lo que se traduce en la perspectiva una elección competida y sin inclinaciones previstas de antemano. Para ganar la elección los candidatos y partidos evitarán caer en temas polémicos y repetir tópicos y propuestas que generan ruido, dudas e incluso rechazo entre los electores. Más bien buscarán usar un lenguaje que agrade a los electores en un proceso de seducción. Esto mismo sucedió hace seis años con el actual presidente Fox quien al arranque de su campaña había insistido en la privatización de Pemex y con el avance de su campaña se convenció de la impopularidad de esa consigna por lo la guardó para mejores épocas, sin embargo, ya en el gobierno entendió la imposibilidad de privatizar la principal fuente de ingresos públicos. Otro tema difícil para los partidos ha sido la propuesta de una reforma fiscal que aplique el IVA a alimentos y medicinas y que fue una de las propuestas que defendió como coordinador parlamentario el actual candidato del PAN, Felipe Calderón, que no ha sido mencionada actualmente debido a rechazo. Asimismo, los partidos acusan a sus adversarios de derechistas o izquierdistas, aunque eluden utilizar esos mismo términos en sí mismos, debido a que esos tales palabras tienen connotaciones que generan rechazo en diversos sectores sociales, por lo que prefieren ubicarse en el llamado centro político a fin de generar la idea de moderación, de responsabilidad, de que no aplicarán medidas extremistas, e incluso han surgido términos como izquierda moderada y moderna, y derecha socialmente responsable. La democracia no es aniquilar al adversario sino buscar consensos La descalificación del adversario ha sido la tónica de la vida democrática en México debido principalmente al monopolio del poder que mantuvo el PRI durante 71 años, y a que demás organizaciones entendieron la lucha electoral como una lucha para destruir, dividir y acabar con el adversario, para alcanzar una mayoría absoluta y gobernar de manera unipartidista. La lucha por la presidencia mantiene esas tendencias y aspiraciones. Un ejemplo es que Fox creyó que su triunfo le daba el poder de imponer sus criterios y fracasó durante cinco años de su mandato en tratar de gobernar sin consensos amplios. Los partidos no han entendido que desde 1988 acabó la hegemonía de una fuerza únipartidista, y consecuentemente de un poder presidencial omnímodo y todopoderoso, y que el país se ha encaminado a una pluralidad que requiere un cambio de visión en la lucha política, que requiere reformas políticas consecuentes, una reforma política profunda, que permita la participación de numerosos sectores que han permanecido sin representación en el poder; un cambio profundo en la estructura política que facilite la creación de mayorías pluripartidistas gobernantes. Cada nueva elección va haciendo evidente la necesidad de crear nuevas formas de participación. Y cada vez son más las voces que señalan la urgencia de un cambio de estructura de gobierno para acercarse cada vez más a los sistemas de tipo parlamentario en los que cada una de las fuerzas políticas puedan llegar con su representatividad real y directamente proporcional a los votos que reciban y dejen a un lado la especulación y el comercio político. También va creciendo la necesidad de que puedan participar diversas organizaciones o personas de manera individual que representen las voces de minorías regionales nacionales, actualmente marginadas, sin que se les obligue a someterse a los dictados de los dueños o titulares de los partidos políticos que actualmente algunos se han convertido en negocios familiares o de grupo por las prebendas que representa un registro legal. Las fuerzas democráticas mexicanas de izquierda o derecha deberán entender que la gobernabilidad democrática pasa no por la aniquilación del adversario y la lucha por desaparecerlo, sino por el reconocimiento de la diversidad de la sociedad y de la tolerancia para incorporar puntos de vista de las fuerzas antagónicas que respondan a los intereses mayoritarios. Esquematismo y maniqueismo distorsionan la realidad Un problema grave que se presenta para entender la realidad mundial se debe a la aplicación esquemática y descuidada de los conceptos políticos cuando se califica a los adversarios, a los demás grupos. Generalmente se cae en las simplificaciones, en el maniqueísmo de ver la realidad en blanco y negro, que en términos moralistas considera solo a buenos y malos; mientras que los enfoques tácticos conducen a calificar a todos todos como mis partidarios o mis enemigos; en visiones de programas económicos como o capitalismo salvaje o socialismo estatal y autoritario. En estos enfoques no existen términos medios, ninguna etapa ni matices, y sobre todo que no reflejan la gran diversidad que impera en la realidad. Este ha sido uno de los graves problemas de numerosos partidos de izquierda y de derecha, que al calor de la lucha política divulgan solo una imagen que ellos mismos se han formado de sus adversarios. Muchos partidos caen en estos esquemas simplistas y maniqueístas, cuando afirman que todos los obreros son revolucionarios, todos los burgueses o empresarios son reaccionarios, todos los gobiernos son burgueses, la democracia o es burguesa o revolucionaria, todos los partidos que participan en elecciones son proburgueses, es decir procapitalistas, tales organizaciones utilizan la generalización más absurda que se apoya en sofismas para descalificar a quienes no están con ellos, y sobreestiman a sus seguidores El problema es que la realidad siempre se impone de una u otra manera, y los esquemas sociales solo existen en la mente de quienes las aplican, de quienes pretenden ver las cosas tal como las ha creado su propia imaginación. Es el problema en que caen, por ejemplo, diversas organizaciones indígenas para quienes destacan el carácter racial y étnico de sus luchas y enfocan sus baterías contra mestizos y blancos, o de grupos socialistas que arremeten contra la inversión y la empresa privada por considerar al capital como el enemigo a vencer, o de los grupos de derecha que piensan que cualquier propuesta oficial de política social, ya es una medida socialista o comunista. En otras palabras, la disputa entre la izquierda y la derecha debe ser con contenidos más precisos y no partir de lo que se cree, sino de los que existe, y las propuestas deben elaborarse sobre la base de las condiciones concretas, no de supuestos idealizados, las ofertas deben partir de lo necesario y lo posible, no de lo promesas demagógicas inalcanzables, y precisar el camino, los pasos que hay que dar, la etapas que se deben cubrir. Retos principales inmediatos, el empleo, el crecimiento y la pobreza El problema central actual de México como el de la mayoría de países latinoamericanos es el de una economía atrasada, con escaso desarrollo productivo, con bajo nivel tecnológico en general, aunque algunos sectores –muy pocos y pequeños- cuentan con tecnología de vanguardia. Sin embargo, el país se caracteriza por el atraso general y el bajo nivel de productividad, con una industria débil y poco competitiva, una economía de sobrevivencia no de competencia, y cuyos diagnósticos son ampliamente conocidos Según los datos de INEGI, La población Económicamente Activa asciende a 43.7 millones de personas mayores de 14 años que trabajan o que han buscado trabajo, y de las cuales 42 millones son población ocupada – de ellos 26.6 millones de hombres y 15,4 millones de mujeres- mientras que los restantes 1.7 millones de declaran abiertamente desempleados. De los 42 millones de ocupados 6.6 millones se encuentran en trabajos agrícolas, ganaderos, pesca, es decir en el llamado sector primario y representa el 15.7 por ciento del total, otros 10.7 millones se encuentran en la industria, la manufactura, minería, construcción, electricidad, gas y agua, y supone el 25.5 por ciento de la población, y finalmente, el sector terciario que representa servicios, comercio, hoteles, bancos, telecomunicaciones, servicios personales ocupan a 24.3 millones de personas lo que significa el 57.9 por ciento de la sociedad. Asimismo, INEGI ofrece como dato importante que en las ciudades 17 millones de personas trabajan en los llamados micronegocios, la mayoría en el llamado autoempleo, en actividades personales de servicios, otros 6.3 millones se encuentran en establecimientos pequeños, es decir en pequeñas unidades de negocio, 4.2 millones en empresas medianas, apenas 3,5 millones en empresas grandes y 3,9 millones en otro tipo de unidades económicas Asimismo, señala que 26 de los 42 millones de personas ocupados reciben un ingreso salarial o algún tipo de remuneraciones, es decir ocupan una posición subordinada; luego siguen los trabajadores por cuenta propia que suman 10 millones de personas; así mismo los trabajadores no remunerados con 3.4 millones de personas, y finalmente, los empresarios o patrones suman 1.9 millones de personas. El INEGI señala que el 7.3 por ciento de la población ocupada, unos 3.1 millones de personas están de subocupadas, mientras que el número de personas que laboran en la economía informal suman 11.9 millones de personas, y representan el 28.2 por ciento de la PEA. Además, cada año emigran a Estados Unidos 400.000 mexicanos, cifra que ha reducido las presiones sociales en demanda de empleo y mejores condiciones de vida, lo junto con las remesas de los mexicano a sus familias en el país han suavizado los problemas sociales. De acuerdo con las cifras oficiales, la población en situación de pobreza asciende a 53 millones de personas, de las cuales 17 millones están en extrema pobreza y reciben ayudas gubernamentales directas. Los principales retos inmediatos para el país ahí están, tanto para los partidos de todos los signos ideológicos como para todos los sectores sociales: son el empleo, el crecimiento y la superación de la pobreza. Las respuestas no pueden ser ideológicas, sino programas muy concretos con una visión de país que responda a las necesidades de todos, o por lo menos de las grandes mayorías, que incluya el compromiso y la participación de todos los sectores. Los esquemas neoliberales que han aplicado los gobiernos de derecha en las últimos dos décadas para desarrollar la economía han fracasado , la apertura y privatización de empresas descuidada, desaseada, manipulada, y con corruptelas no dio los resultados esperados. México lleva más de dos décadas experimentando las recetas del llamado Consenso de Washington, el país abrió su economía de manera completa, y sus mercados fueron inundados por mercancía procedentes de todas partes, en particular de los países asiáticos La crisis financiera fue uno de los mayores golpes a la economía del país, que dejó al sistema bancario en manos de instituciones financieras internacionales, y hasta ahora el crédito bancario continúa sin fluir hacia los sectores productivos para convertirse en el motor de la economía. La izquierda debe responder a los retos sin eludir la globalización Las diversas corrientes de izquierda no tienen una respuesta clara única de cual debe ser el enfoque y la actitud que debe asumir ante la globalización de la economía. Diversos sectores de la izquerda saben perfectamente que las respuestas que se dieron en el pasado de buscar un camino propio mediante la autarquía no es real ni posible, las cuales no permiten solucionar los problemas de la productividad y competitividad, pero también ven que el capitalismo mundial globalizado arrasa con las economías atrasadas y profundiza las desigualdades, la pobreza y la marginación. Algunas de estas corrientes de izquierda han aprendido que el camino que el país debe recorrer pasa necesariamente por la aceptación de que el proceso global es un reto que debe asumirse, pero que deberá eleborar una estrategia para incluir al país en una economía globalizada de acuerdo con sus propios ritmos, con sus propios planes y en respuesta a sus propios intereses. Una de las tareas pendientes es reconocer el bajo nivel de desarrollo capitalista con atraso tecnológico, con ramas económicas distorsionadas, con graves problemas de corrupción, sin infraestructura suficiente, con deficiencias en el suministro energético para el desarrollo productivo. En los países subdesarrollados, atrasados con niveles de desarrollo capitalista incipiente, con grupos asalariados y proletarizados débiles, las izquierdas socialistas buscaron entre los campesinos o en otras fuerzas sociales un motor de cambio. Los movimientos revolucionarios siempre se han apoyado en trabajadores en campesinos, en indígenas, en intelectuales y estudiantes, en sectores sociales medios, afectados por la falta de desarrollo, sin embargo, sus resultados han sido escasos en la meta de impulsar la modernización. La izquierda en su conjunto, y la socialista en particular, debe retomar las metas inconclusas que fueron enarboladas en décadas pasadas por gobiernos anteriores, entre estas la industrialización, de la modernización del campo y la manufactura de acuerdo a las capacidades del país en la época de la globalizacion, además de impulsar la construcción de infraestructura y de sectores fundamentales que arrastren a las demás ramas económicas para impulsar una revolución productiva en todos los sectores Para lograr estas tareas la izquierda debe buscar las alianzas con todas las fuerzas, con la mayoría de partidos, principalmente con los llamados del centro. Trabajar bajo un plan de varias décadas, mínimo de 30 años y proponer la creación de gobiernos de unidad nacional que trabajen bajo la meta de la alianza por la modernización del país. En estos gobiernos pluriparidistas deben estar incluidos los sectores de la derecha que estén de acuerdo con estas metas. En esta gran alianza deben sumarse todos los sectores sociales, los sindicatos, las asociaciones, los sectores académicos, sociales, empresariales que estén de acuerdo en para impulsar la modernización y la industrialización. Los empresarios productivos ocupan un lugar determinante en la inversión y expansión de las empresas, en promover la reinversión de ganancias, en promover los mecanismos del crecimiento y de la administración de empresas rentables. En esta alianza no caben los especuladores y oportunistas que buscan el lucro fácil, la componenda, que corrompen a funcionarios para obtener concesiones, ni los mercenarios prestanombres que buscan acuerdos ilegales para allegarse ganancias fáciles, ni para comerciantes ambiciosos y sin escrúpulos que promueven el contrabando ni la economía informal. Las reglas para estos empresarios deben ser claras y cumplirse puntualmente, con políticas fiscales de largo plazo que promuevan la inversión y la reinversión de utilidades, la creación de empleos y la remuneración de los trabajadores, el respeto a derechos laborales en el marco de esta alianza, para reactivar una parte del mercado interno, el del consumo de los trabajadores para reactivar una parte del mercado interno, el del consumo de los trabajadores En los países atrasados, los capitalistas pueden cumplir la función de transformar las viejas relaciones que impiden el avance de la producción, en sentar las bases para la construcción de nuevas maravillas sociales, en la construcción de un mundo nuevo, aunque también existe el riesgo de la subordinación de oligarquías criollas a los intereses foráneos que ha sido una maldición desde el surgimiento de nuestros países como naciones independientes. La izquierda socialista debe redefinir su camino Por otro lado, en la izquierda socialista debe aprender a trabajar por metas comunes inmediatas, evitar el prejuicio de que todos los empresarios por ser capitalistas son reaccionarios y enemigos de los trabajadores, y los sindicatos deben saber negociar las condiciones de trabajo sobre acuerdos comunes de desarrollo de la planta productiva. Por su parte, los empresarios que han entendido que la riqueza es resultado del esfuerzo conjunto de toda la sociedad deben instrumentar mecanismos para la mejor administración y reparto de ella. Se trata de lograr que el esfuerzo y sacrificio debe ser colectivo y no descansar solamente sobre un sector de la sociedad Anteriormente la izquierda socialista radical se imaginaba el cambio social de manera sencilla, ideal, simple y lineal, los obreros se organizaban contra los gobiernos burgueses, se presuponía que era suficiente crear un partido de vanguardia de los trabajadores, y alcanzar la conquista del poder mediante la simple acumulación de fuerzas políticas. La socialdemocracia, renunció a estos esquemas y concentró sus esfuerzos en buscar reformas sociales paulatinas dentro del capitalismo para mejorar las condiciones de los trabajadores, y luchar por lograr el dominio de las instituciones democráticas para la transformación gradual de la sociedad. Por otro lado, la izquierda socialista y las organizaciones de ultraizquierda deben en primer término esclarecer los términos de su propia existencia, señalar cuales son los conceptos de socialismo por el cual luchan, y precisar los caminos para llegar a él, no basta con enunciar proclamas anticapitalistas, sino precisar en que consiste el tipo de sociedad que debe y busca construir, precisar las condiciones sociales, el nivel de desarrollo económico, político. Precisar si esta nueva sociedad debe ser resultado de una evolución de la economía cuyos cambios repercuten en la sociedad, como la manifestación de una necesidad, la consecuencia obligada de nuevas condiciones sociales, o si será resultado de la voluntad de los sectores que promueven el cambio, como hasta ahora lo pregonan algunos grupos de izquierda y ultraizquierda. No basta con querer, hay que demostrar lo que se puede hacer. La Unión Soviética fue el gran experimento que intentó construir una nueva sociedad y que no pudo superar sus propias contradicciones para ofrecer a su sociedad los niveles de desarrollo más avanzados que los que han alcanzado los países capitalistas desarrollados China ha recurrido a las fuerzas del capitalismo y la globalización para responder a los retos del empleo, la pobreza y el desarrollo económico. Ha impulsado un agresivo programa capitalista para dar el gran salto, el problema es que aún no se sabe hacia adonde va, si se convertirá en una potencia capitalista que dispute el mercado mundial a los grandes bloques económicos y genere una crisis comercial y financiera internacional o será una economía alternativa que buscará nuevos caminos para cumplirle a su población las promesas que le dio la revolución socialista maoísta. Los socialistas deben además explicar como se debe llegar a ese tipo de sociedad, no solo expresar el deseo del cambio y formular una meta ideal. Es decir se deben formular nuevas teorías de desarrollo social que sean objetivas, es decir realizables, para lo cual deben contar con elementos de la ciencia y no solo caer en la especulación filosófica, metafísica o religiosa. |