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MESA 2

LA VIGENCIA DEL ARTICULO 123. DERECHOS LABORALES Y SEGURIDAD SOCIAL

Contribución presentada por Sergio Almaguer Cosío, en representación del Comité Central del Partido de los Comunistas para la mesa 2 del II Diálogo Nacional, en Querétaro, Qro. el 4 y 5 de febrero del 2005.

e-mail: comunista@mexico.com


Las dos últimas Constituciones del país han sido promulgadas el 5 de febrero. La última Constitución, la cual intentamos recordar, está plagada de tantas reformas que el pacto político que sirvió de base para su promulgación está prácticamente roto. Esta ruptura se ha agudizado, como sabemos a partir de la aplicación de la política neoliberal. Está en un punto en el que los conflictos y los antagonismos que se dan en la lucha de clases de nuestro país; en el que unos reivindicamos aspectos fundamentales de aquella gesta heroica que plasmó en la Constitución el sello de las masas populares que se movilizaron y, otros, los enemigos del pueblo y la nación mexicana aliados al imperialismo tratan de enterrarla.
La burguesía mexicana, lacayunamente quiere darle el golpe de gracia acabando con lo último que queda de ella. Así pues, el imperialismo quiere una Constitución a su gusto, en una cuestión tan fundamental que sólo corresponde exclusivamente resolver a los mexicanos.
Responsable el gobierno, de cumplirla y hacerla cumplir la viola. Esta contradicción es resultado de la lucha de clases en nuestro país. Los intereses de la burguesía mexicana están divorciados de los del pueblo y la nación. La única clase social que puede recuperar la independencia y la soberanía para México es la clase obrera aliada a las demás capas explotadas del pueblo, que bajo su dirección expulse del gobierno a esta “burguesía parasitaria”. Esto se demuestra a diario porque no puede existir el llamado estado de derecho en las actuales circunstancias, bajo la dominación de una clase social que ha claudicado de sus responsabilidades para ceder el gobierno al imperialismo. Esto equivale a decir que los intereses de esta llamada burguesía son incompatibles con los de la sociedad. Por tanto, no debe de continuar al frente de los destinos de la nación mexicana; es la crisis que demuestra que ya no se puede vivir “bajo su dominación”. La existencia de la burguesía se ha tornado innecesaria en el gobierno. Poco falta para que lleguemos a afirmar como en su tiempo lo dijo Ricardo Flores Magón: “La Constitución ha muerto”.
La política de alianzas que postulamos, no puede incluir a la burguesía ni al imperialismo. La verdadera política de alianzas que necesitamos hoy está germinando en este Frente que hemos constituido y, nos hemos convertido en una fuerza política –se quiera o no— que está disputando con dignidad al actual grupo gobernante el rumbo de la nación. El neoliberalismo no es una solución imperialista que nosotros compartamos. Tomadas así las cosas, está a la orden del día la disputa por la nación y las vías para integrar un nuevo poder.
El Partido de los Comunistas lucha por el socialismo, por la unidad con todas las demás fuerzas que también luchan por este nuevo régimen y apoya todas las acciones políticas de las fuerzas que también luchan por la democracia en donde quiera que estas se encuentren. Luchamos por la unidad de todo este movimiento para abolir la propiedad imperialista y recuperar el dominio pleno de nuestro patrimonio. Esto sólo se puede hacer con un nuevo gobierno bajo la hegemonía de la clase obrera.
Hoy nos encontramos en estado de alerta porque la clase obrera de México está a punto de sufrir --si nos dejamos— un severo golpe político. Este golpe está dirigido a destruir todo el andamiaje constitucional y jurídico producto de la Revolución Mexicana y consagrado por el Constituyente de Querétaro de 1916-1917. Es una revancha política contra las conquistas de la clase obrera reconocidas en el artículo 123 de la Constitución.
Manejado con un lenguaje eufemístico y mentiroso llaman “reforma” a lo que en verdad es un acto de traición. La llamada reforma laboral apunta más bien dicho hacia la destrucción de una de las bases principales del Estado mexicano: el derecho al trabajo. Esto significa cambiar radicalmente el sistema jurídico y político de México, para aniquilar las garantías sociales o colectivas para eliminar los derechos políticos de la clase obrera. La burguesía y el imperialismo intentan seguir gobernando eliminando los derechos de esta clase, pero se reserva el de convertirla en su esclava porque no puede prescindir de ella.
Los derechos de la clase obrera en el Artículo 123, se convirtieron en fuente del derecho para obligar al patrón a aceptar sus demandas. Este derecho piensa eliminarse de tajo para quedar cómodamente el imperialismo a través de la burguesía mexicana como única clase social en el gobierno. Como sabemos, esto será imposible porque se están enfrentado a un país viejo y experimentado en la lucha por su libertad y su independencia. En este proceso se está generando el arribo de un nuevo bloque de fuerzas democráticas, patrióticas y revolucionarias al frente del gobierno; con una nueva correlación de fuerzas que desde hoy no deje perder nada de lo que ya hemos conquistado.
La clase social que nos gobierna es incapaz de garantizar la vigencia del Artículo 123. La prueba de ello es su propuesta de aniquilar la Ley Federal del Trabajo, con lo cual demuestra explicita y cínicamente su decisión de renunciar a sus obligaciones constitucionales. Desafortunadamente el espíritu y la letra del Artículo 123 hace mucho tiempo que en gran parte dejo de ser vigente; porque no se cumple cabalmente por los patrones –nacionales y extranjeros— con la complicidad del gobierno mexicano. Es exactamente lo mismo que sucedió con las modificaciones a la Ley del Seguro Social impulsadas y aprobadas fundamentalmente por el PRI y por el PAN. El Senado de la República pisoteó la Constitución mexicana cuando cambió esta ley arrojando con desprecio a los trabajadores del IMSS y a los trabajadores mexicanos a la inseguridad en el empleo; desconociendo sus derechos sindicales y su contrato colectivo de trabajo; condenando a una muerte segura a la institución para la cual trabajan y, finalmente, la desaparición del SNTSS. Este paso dado por el Senado de la República bajo las instrucciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial es una política genocida; condena a muerte lenta y paulatinamente a la mayoría de los mexicanos, cual si fuera calculada fríamente por asesinos del extinto régimen fascista de Hitler pero que ha tomado nuevos bríos bajo la dirección de Bush en Estados Unidos.
El golpe dado contra el IMSS y su sindicato está inscrito en el marco de las intenciones del gobierno de la República en su proyecto llamado de “reforma laboral”. Mañosamente se confunde el irreversible proceso de la globalización, para afirmar que el neoliberalismo también lo es y, que el reclamo de independencia nacional y soberanía es anticuado; incluyendo el dogma neoliberal de que la lucha de clases no existe, que la forma “natural” de dominación que ejerce es resultado de un largo proceso histórico que excluye la lucha de clases y, por tanto la inexistencia de la clase obrera. Este es el asiento en el que se levanta el odio y el combate despiadado a sus derechos, desconociéndolos; para lo cual –afirman— lo que queda es demolerlos para convertir a los trabajadores en esclavos; o lo que es peor: en desocupados y condenados a muerte. “¿Qué le queda a esta gente –decía Federico Engels—si no encuentra trabajo y no quiere sublevarse contra la sociedad sino la vagancia? ...y el que entre los “superfluos” tiene bastante coraje y pasión para revelarse abiertamente contra la sociedad y responder a la guerra oculta que la burguesía le hace, con la guerra abierta contra la burguesía, roba, saquea y mata” (fin de la cita). ¿Qué diferencia de fondo existe entre estas afirmaciones hechas hace más de cien años acerca de “la situación de la clase obrera en Inglaterra” con la realidad actual?
¡El neoliberalismo no pasará!