
Criticar y transformar -teórica y prácticamente- a la Nación y al Estado.En México, son múltiples los esfuerzos teóricos y prácticos que se han venido realizando para abolir las profundas y extendidas desigualdades económicas, políticas, sociales, culturales y de género, agudizadas bajo el régimen de acumulación neoliberal-capitalista, así como el absoluto sometimiento en el que los gobiernos neoliberales han colocado a nuestro país respecto del imperialismo, particularmente norteamericano.El 27 y 28 de noviembre del año pasado muchos de tales esfuerzos confluimos en el primer encuentro del DIÁLOGO NACIONAL POR UN PROYECTO DE NACIÓN CON LIBERTAD, JUSTICIA Y DEMOCRACIA.Desafortunadamente, hay iniciativas, energías, voluntades, creatividad y esfuerzos políticos muy serios que todavía se mantienen al margen de este diálogo. Pero de la crítica teórica contenida en la mayoría de ponencias presentadas, en las propuestas aprobadas, así como en los resolutivos plasmados en la relatoría, se desprende que el ánimo y la visión de las organizaciones participantes empuja en dirección de construir un proyecto de nación de naturaleza antineoliberal, con un Estado acorde a tal esencia.Ese es un primer punto favorable. Tenemos en común que somos antineoliberales. Todos somos ANTI. Y eso podría parecer suficiente, pero en realidad no lo es, pues existen sujetos y proyectos que discursivamente se asumen como antineoliberales, pero que eluden fijar su posición frente al sistema de dominio, explotación y exclusión capitalista. Por eso llegar al punto de ser ANTI, nos coloca también en la necesidad de señalar en PRO de qué consideramos necesario actuar. Y cuando hablamos de proyectos distintos no queremos dejar la expresión en abstracto, ni suponer que todos estamos entendiendo de igual manera cada concepto.En primer lugar, la Nación mexicana es la comunidad -desigual y combinada- de individuos, sectores, clases sociales y pueblos originarios, asentada en un territorio determinado, con historia, lenguas y tradiciones, propias y compartidas, dotada de conciencia de constituir un cuerpo social diferenciado. Y, en segundo lugar, el Estado mexicano es la estructura jurídico-política, surgida directamente de la lucha de clases, que subordina a la Nación. Por consiguiente, es el instrumento de poder de la clase dominante para garantizar la acumulación de capital.Esta realidad es particularmente visible al analizar la coyuntura nacional, donde la confrontación política entre sujetos sociales deja traslucir la existencia de, al menos, dos proyectos de Nación –con el Estado incluido-, propios de las clases y fracciones de clase dominantes, hoy en pugna:a) El proyecto de nación extinta. Este proyecto es promovido y desarrollado por la oligarquía industrial-financiera en beneficio propio, así como en beneficio de las transnacionales y del imperialismo, mediante la explotación y la entrega de los recursos naturales, humanos, culturales, sociales, económicos. Su lógica es que la nación mexicana -la que se constituyó históricamente como entidad soberana- ya no existe. Entonces el único camino posible es la subordinación y la entrega del país a los centros de poder internacional, imperiales. Este es el proyecto que enarbolan el PAN, el PRI y todos los grupos de la burguesía industrial-financiera que han modificado al Estado, pretendiendo conservar la presidencia de la república y el control del congreso, para garantizar la realización del proyecto neoliberal imperialista; dejando ver que, más allá de sus pugnas coyunturales, se mantiene intacta su complicidad estructural y estratégica.b) El proyecto de nación ficticia. Este proyecto está promovido y desarrollado por sectores liberales de la burguesía mexicana y corrientes políticas de la izquierda electoral, tendencialmente nacionalistas, interesados en reorganizar un Estado benefactor. Este proyecto presenta la imagen del asistencialismo social como la única expresión posible de justicia social, así como a la democracia de pocos, con pocos, para pocos como la única democracia posible. Se trata de un proyecto que cambia cuando los sujetos se asoman a su esencia, la cual consiste, finalmente, en beneficios mayoritarios para los grupos capitalistas nacionales y extranjeros, en flexibilidad laboral de facto para garantizar la acumulación de capital y, finalmente, en soluciones militarizadas a los problemas de seguridad.Frente a proyectos del tipo nación extinta o nación ficticia, los convocantes y los participantes en el Diálogo Nacional por un Proyecto de Nación con Libertad, Justicia y Democracia debemos mantener nuestros propósitos expresados en la convocatoria al primer encuentro de este Diálogo:I. Evitar la prolongación del antiguo régimen oligárquico y autoritario.II. Construir una convergencia histórica, lo más amplia e incluyente posible, entre los diversos sectores que componen la clase trabajadora del campo y la ciudad, los movimientos sociales y urbanos, los pueblos indios, profesores, intelectuales, artistas y los nuevos movimientos sociales integrados por alter mundialistas, ecologistas, los movimientos de defensa de derechos humanos, de género y diversidad sexual, estudiantes, jóvenes, braceros y migrantes, pequeños y medianos industriales y comerciantes.III. Elaborar un diagnóstico sobre los grandes problemas nacionales e internacionales.IV. Unir todas las resistencias frente al capitalismo salvaje y al sistema corporativo para construir una propuesta capaz de disputar la conducción de la nación a la barbarie neoliberal.V. Convertirnos en una fuerza social capaz de definir un nuevo rumbo de la nación.VI. Luchar por un proyecto de nación alternativo al modelo neoliberal.VII. Rescatar a la nación y avanzar juntos en la solución de los grandes problemas nacionales.Para lograr la realización de estas tareas y objetivos es necesario transitar diversos caminos y dar lugar a prácticas instituyentes y constituyentes, pero es preciso advertir que no se trata de contraponer y optar por una u otra forma de lucha, una u otra forma de organizarnos, una u otra política de alianzas. No se trata de reducir la discusión a la confrontación de dogmas, de verdades religiosas o de ismos. Tampoco se trata de oponer las metas generales con los instrumentos, los caminos, los procedimientos y las metas parciales. Se trata de construir colectivamente el conocimiento de la realidad, las formas de relación, las formas de lucha y las formas de organización que nos acerquen a eso que hemos denominado NACIÓN CON LIBERTAD, JUSTICIA Y DEMOCRACIA.Para evitar la prolongación del régimen oligárquico y autoritario que hemos venido padeciendo, para disputar la conducción de la nación, para definir un nuevo rumbo de nación, para luchar por un proyecto de nación alternativa al neoliberalismo y para avanzar en la solución de los grandes problemas nacionales se hace necesario actuar en varios planos, en distintos ámbitos y en distintas escalas de la realidad. Algunos de esos planos son el político, el sindical, el social, el cultural y el económico. Otros planos son el ámbito de la comunidad de pertenencia y el ámbito de la relación intercultural. Pero, en general, las escalas de actuación deberán transitar del espacio geográfico local, al espacio nacional, y viceversa. Así como, de los espacios que el poder popular construye en los distintos ámbitos de la sociedad hacia los espacios conquistados en las estructuras del poder constituido, y viceversa. O sea, la actuación política, para desarticular el poder del capital y construir el poder popular, con base en la construcción de relaciones sociales justas, deberá transitar los distintos ámbitos de la sociedad y del estado, en todas las direcciones posibles.Esto incluye el tema electoral que no es el único importante, pero está vigente y está candente.El tema electoral es parte de una coyuntura que las fuerzas de izquierda no podemos ignorar o, peor aún, descalificar como una cuestión puramente reformista o pragmática. Pues de las contradicciones y del reacomodo político que la coyuntura está produciendo al interior de las clases dominantes y subalternas; de la confrontación entre poderes, del creciente descontento y hartazgo social; así como de nuestra capacidad de influencia y actuación crítica y práctica en la lucha por desarticular el poder del capital, puede depender, en buena medida, la articulación de distintas fuerzas y proyectos, y la puesta en marcha de planes de acción (integrales y de largo plazo), que contribuyan al fortalecimiento de la organización y la conciencia del pueblo en lucha, a la construcción y fortalecimiento del poder popular, así como a la conquista de posiciones políticas orientadas a producir una inflexión que ponga término al modelo neoliberal y dé lugar a la realización del nuevo proyecto de nación y estado alternativos, en proceso de discusión y elaboración colectiva.Frente a todo esto, creemos necesario reiterar nuestra apreciación de que la propuesta que se está elaborando colectivamente, en el Diálogo Nacional, es una propuesta no sólo antineoliberal, sino anticapitalista.Esto es notorio en el conjunto de propuestas, así como en el proyecto mínimo de defensa social y nacional, desde un gobierno alternativo y desde estructuras alternativas, propuesto por el Dr. Pablo González Casanova.Pero la lectura del conjunto de ponencias nos lleva a otra conclusión más radical y profunda. La elaboración colectiva del proyecto de nación alternativo antineoliberal y anticapitalista, en el marco del Dialogo nacional, tiende a ser, al mismo tiempo, una alternativa de formación social e histórica de contención y oposición a la globalización capitalista. Alternativa verdaderamente profunda que sintetizaría dos características fundamentales: un proyecto de liberación nacional y un proyecto de transición al desarrollo pleno, tanto de la democracia popular, como de las fuerzas productivas con relaciones de producción justas.Dicha alternativa tiende a constituir un proyecto de liberación nacional, porque en el marco de la globalización neoliberal imperialista la nación se encuentra bajo la opresión del estado capitalista y de la acción expoliadora del régimen de acumulación neoliberal, así como bajo una lógica de administración mercantil, oligárquica y proimperialista, instrumentada por el gobierno empresarial y derechista de Vicente Fox.También, dicha alternativa tiende a constituir un proyecto de transición al desarrollo pleno de la democracia popular y de las fuerzas productivas, porque sólo dicho desarrollo puede ser la salida a la opresión económica, política y cultural de la nación, así como a la crisis estructural; sólo que en las actuales condiciones una salida o un corte de tales características, en el corto plazo, parece imposible, en virtud de la actual correlación de fuerzas nacional y mundial.De ahí la importancia que adquiere, como mediación política necesaria, el proyecto social e histórico de contención y oposición a la globalización capitalista, concretado en el proyecto de nación y estado antineoliberal y anticapitalista que se viene elaborando, así como la continuidad del Diálogo Nacional y el cuidado con el que se requiere proseguir su impulso.Entendemos que este esfuerzo colectivo trata de dar lugar a un plan estratégico, integral y articulador de diferentes tiempos y plazos, que podría orientar desde la actual coyuntura nacional la actividad práctica transformadora del pueblo y sus organizaciones, a fin de ir construyendo condiciones que garanticen la realización del proyecto de nación y estado alternativos.Por tanto, nos adherimos a los resolutivos del primer Diálogo Nacional, pero además proponemos retomar el programa mínimo no negociable, presentado por el Dr. Pablo González Casanova, como base para elaborar un programa de lucha y de gobierno que permita superar el aislamiento y la actitud puramente defensiva de las organizaciones y sectores sociales en lucha, y dar paso a la articulación y a la ofensiva política coordinada del pueblo organizado, contra el neoliberalismo y el absolutismo mercantil capitalista.Pero, para pasar a la articulación y a la ofensiva política, proponemos que también se incluya, como acuerdo mínimo no negociable, la realización de un Nuevo Constituyente y, en consecuencia, la elaboración de una Nueva Constitución, bajo la hegemonía y la activa participación del pueblo trabajador organizado, pues sólo así podrán materializarse las propuestas antineoliberales y anticapitalistas planteadas en el primer encuentro del Diálogo Nacional.Pero antes habrá que superar el conjunto de contradicciones que amenazan con fragmentar este esfuerzo colectivo. Contradicciones que expresan los diferentes criterios existentes para llevar a cabo el proyecto de nación alternativa. Y es en este terreno que necesitamos hacer caso al llamado del Diálogo Nacional y movernos con suma sensibilidad y cautela, pues mientras persista el desacuerdo y la dispersión política la ofensiva neoliberal imperialista nos seguirá golpeando a todos.Esto hace necesario precisar posturas y buscar puntos de encuentro que posibiliten la articulación de las distintas fuerzas políticas y sociales, y avanzar en la construcción del sujeto social multisectorial transformador, con el objeto de enfrentar integralmente al neoliberalismo y contribuir a liberar a la nación, a partir de la coyuntura política en curso y, sobre todo, del análisis de la misma.De ahí la importancia que tiene el proyecto mínimo de defensa social y nacional, arriba señalado, como idea-fuerza o instrumento de organización “que permita articular las luchas políticas y electorales con los movimientos sociales, y hacer de éstos el punto principal de referencia de aquéllos.”De ahí también la preocupación contra cualquier intento de reducir a simple maniobra de posicionamiento electoral, el bloque histórico que se empieza a construir; pero sin que esta preocupación signifique, en modo alguno, descalificar la lucha electoral. Al menos, así lo deja ver el mismo proyecto mínimo, al plantear que las organizaciones y las redes de los pueblos, de los ciudadanos y de los trabajadores “tienen en todo caso que señalar los compromiso mínimos e irrenunciables que cualquier aspirante a un gobierno municipal, estatal o nacional se compromete a realizar.”El problema nodal reside, entonces, en el diseño de una estrategia que articule y combine todas las formas de lucha, incluida la electoral, para enfrentar integralmente al capital y a su ofensiva neoliberal. Parte de esta estrategia es, sin duda, la elaboración de un proyecto de nación y estado alternativos, pero además de éste se requiere el diseño de una política que haga de la lucha electoral y parlamentaria un recurso revolucionario para desarticular el poder de los de arriba y construir el poder de los de abajo, con el objeto de modificar efectivamente la relación de fuerzas a favor del pueblo trabajador.Lo anterior hace importante que el pueblo participe en la contienda electoral con un proyecto propio, de modo de impulsar la construcción y el fortalecimiento de un nuevo bloque histórico e impedir, en el corto plazo: 1) que la derecha recalcitrante mantenga el control de la presidencia de la república y del congreso; y, 2) que la izquierda electoral pretenda utilizar pragmáticamente el movimiento de resistencia popular -antineoliberal y anticapitalista- y subordinarlo a sus intereses; 3) Que los diversos sectores en lucha y organizaciones políticas y sociales se mantengan en el aislamiento y la dispersión e incluso se sigan fragmentando.En última instancia, la lucha política por la presidencia de la república, así como por lograr una importante presencia popular en el poder legislativo, podría constituir el eje de articulación de todas las fuerzas contrarias al retorno del PRI, a la repetición del PAN o al ascenso de una nueva candidatura mediática con respaldo empresarial. Esto hace necesario concretar una alianza entre la izquierda electoral y el movimiento popular, con base en el proyecto de nación y estado alternativos y el acuerdo de compartir espacios dentro de un posible gobierno alternativo.Pero deberá tratarse de una lucha y una alianza que incluya el compromiso de realizar, en el mediano plazo, un nuevo constituyente, así como la redacción de una nueva constitución de modo de garantizar, desde arriba y desde abajo, la realización del proyecto social e histórico de contención y oposición a la globalización capitalista, para cuya concreción en el Segundo Encuentro del Diálogo Nacional, hacemos el siguiente pronunciamiento:1. Nos adherimos a los resolutivos del primer Diálogo Nacional;2. Proponemos retomar los 9 puntos del programa mínimo no negociable, así como los 7 puntos de las estructuras alternativas, presentados por el Dr. Pablo González Casanova, como base para elaborar un programa de lucha y de gobierno que permita superar el aislamiento y la actitud puramente defensiva de las organizaciones y sectores sociales en lucha, y dar paso a la articulación y a la ofensiva política coordinada del pueblo organizado, contra el neoliberalismo y el absolutismo mercantil capitalista;3. Proponemos que se incluya como parte del acuerdo mínimo no negociable, la realización de un Nuevo Constituyente y, en consecuencia, la elaboración de una Nueva Constitución que recupere el carácter popular y revolucionario de la de 1917.4. Proponemos dar marcha atrás a la gran contrarreforma neoliberal y desconocer los tratados internacionales, así como las deudas onerosas, que lesionan nuestra soberanía;5. Proponemos reorganizar y rearticular a la Nación y al Estado, con base en un nuevo estatuto -económico, político, ideológico e intercultural- que acote al capital y lo subordine a las necesidades de la producción y reproducción cualitativa de la vida humana, así como de la preservación de los ecosistemas;6. Proponemos reconquistar nuestra independencia, con base en una estrategia económica y una política de estado que re-nacionalice los recursos y sectores estratégicos de nuestra economía y garantice nuestra plena soberanía y autosuficiencia, impulsando al mismo tiempo la integración de la comunidad de pueblos, naciones, gobiernos y estructuras alternativas de la América Nuestra, promoviendo la formación del Parlamento Latinoamericano;7. Proponemos impulsar una democracia del pueblo, con el pueblo y para el pueblo, descentralizando, fragmentando y horizontalizando el poder constituido, reconociendo constitucionalmente la autonomía de los pueblos originarios, el plebiscito, el referéndum, las candidaturas ciudadanas, así como los nuevos órganos de poder (electoral, ciudadano, etc.) que emerjan, desde lo local, colocando a las fuerzas armadas bajo la autoridad del poder legislativo y no del ejecutivo;8. Proponemos la construcción de relaciones de equidad entre mujeres y hombres, relaciones de reconocimiento y apoyo mutuo que modifiquen el vínculo de dominio y subordinación que prevalece entre géneros integrando así a ambos al trabajo público y doméstico en igualdad de condiciones;9. Proponemos restituir plenamente la justicia, contribuyendo a restañar heridas mediante el esclarecimiento de la desaparición política forzada de cientos de luchadores y ciudadanos mexicanos y el castigo a los responsables de la guerra sucia y de las acciones criminales y represivas organizadas y perpetradas, por los gobiernos priistas, contra el pueblo en lucha.10. Proponemos impulsar la construcción de Brigadas Democráticas Ciudadanas y Comunitarias (BDCC) por la realización del Proyecto de Nación Alternativo, con miras a la participación del pueblo en lucha en el proceso electoral de 2006 y concretar la alianza entre la izquierda electoral y el movimiento social, con base en los ocho paquetes de medidas antes enunciados.Comunidad Interdisciplinaria de Apoyo y Reorganización Social(CIARS).Febrero de 2005.